miércoles, 30 de septiembre de 2009
No me gustan las razones de los que están contra el aborto
Estos días vuelvo a oír algo parecido; a saber, que la píldora llamada del día después es un chute de hormonas con efectos no predecibles sobre las jóvenes que las consuman y que además por la juventud de su potencial clientela es muy probable que la consuman más de la cuenta. En consecuencia, deberían ser administradas bajo prescripción médica.
Que estos argumentos sean defendidos por la derecha, no me extraña, ya que no tienen ninguna convicción ni ideal - hablo del PP y aledaños – pero que esto venga de católicos pertenecientes a los sectores más ortodoxos de la Iglesia, me pasma.
Una vez más las cosas se confunden. La píldora del día después es un invento maligno porque se trata de un arma química para matar, para abortar: o ha habido fecundación y su efecto es la muerte del nuevo ser humano evitando que el embrión anide o no hace nada; bueno, provocar alguna anomalía con la ovulación. Es como una macabra ruleta: hay niño, lo mato; no hay, buena suerte, para el niño, claro. Es como si cojo una pistola y disparo a ciegas en el aula de un colegio.
Yendo al tema, las mujeres que practican el aborto no son las víctimas sino las principales culpables de un asesinato. Son más culpables que los médicos, la sociedad y sus conocidos. Más culpables porque son las que deciden, las que previamente demandan este falso derecho y peor de todo porque asesinan no a un desconocido sin a su propio hijo. Ahora si las consideramos víctimas porque sufren las consecuencias de un pecado mortal que las mata el alma y las acerca a la locura, estoy de acuerdo. Pero lo mismo podríamos decir de los violadores, lo que han asesinado a su esposa y un largo etcétera. Todos ellos sufren las consecuencias de sus pecados, tanto que algunos no lo soportan y se suicidan. En este sentido son víctimas, dignas de lástima y de nuestra compasión. Sin embargo, nadie dice que son víctimas, son culpables.
Por supuesto que reconozco que existen mujeres que son forzadas, en mayor o menor medida, a perpetrar un aborto, como lo podemos también admitir de cualquier otra persona, hombre y mujer, que cometa otra tropelía porque su voluntad ha sido violentada. En función de las circunstancias existen, en mayor o menor grado, atenuantes.
Para terminar apuntaré que mientras los defensores del aborto, casi siempre desde los sectores de la izquierda, preguntan asiduamente a los detractores del aborto que aporten soluciones a la cantidad de abortos que se producen al año, estos últimos, mojigatos ellos, suelen recomendar las subvenciones – ¡siempre a por el dinero ajeno! – a las organizaciones de defensa de las madres solteras, etc. Es ridículo. Yo propongo algo nuevo: lo mismo que están haciendo con la “violencia de género” – uso el término entrecomillado aposta, pero esto es para otro día -, recrudecer las penas de cárcel para los culpables (en este caso no sería recrudecer sino restablecer), empezando por las más culpables.
viernes, 4 de enero de 2008
Que los cristianos actúen como ellos estimen pero que dejen a los demás comportarse de acuerdo a lo que consideran correcto
Cuando ojeé el comentario que dejó Maldoror sobre mi anterior entrada se me encendió la luz y pensé acerca de la utilidad de escribir algo que ayudara a clarificar las muchas dudas de tanta gente de buena fe que por falta de instrucción o por la titánica influencia que la cultura de la muerte ejerce sobre las personas echan de menos los argumentos que corroboren lo que su conciencia, intuición, educación y buen sentido les asegura. Además, me dije a mí mismo, visto el perfil de este señor, que tal vez estuviera ante una de esas rara avis, tan escasa entre los católicos y casi inexistente fuera de ellos, que busca auténticamente algo de verdad, que sufre de esa docta ignorancia socrática que provoca la sed de conocimiento ajena de prejuicios y miedos a poner en entredicho todo lo ya conocido, y que está haciendo una pregunta anhelando una respuesta. Pero mi desilusión vino cuando contestó a nuestro amigo Embajador en el Infierno que trató de explicarle con simplicidad y muchísima profundidad – ambas suelen ir acompañadas – alguna de sus aparentes inquietudes. Su respuesta no fue el silencio reflexivo o la petición de mayores aclaraciones para comprender mejor lo que transmitimos, si no para ser amaestrado al menos para entendernos y poder conocer por mera voracidad de sabiduría algo nuevo. Pero no, ¡qué desilusión!. Otro dogmático, lleno de prejuicios. Otro que pregunta y pregunta pero como mera retórica sin esperar aprendizaje ni siquiera dialogo. Qué fiasco al descubrir que a la respuesta del Embajador en el Infierno le contesta con otra pregunta pero de índole diversa. Y para más inri el tópico sofista de con “qué autoridad”. Qué pena, una persona que parecía letrada. Efectivamente, es perder el tiempo dialogando así. Cada vez que a Jesucristo le hacen una pregunta del tipo con qué autoridad, quién te crees, etc. Siempre contestó de la misma forma. No hay otra.
A pesar de todo, podemos salvar las primeras preguntas de Maldoror por su utilidad para construir este artículo ya que son las mismas que esas personas de buena voluntad, que hemos mencionado, se están haciendo en medio de sus vacilaciones.
Comencemos. Interpelaba nuestro frustrado académico lo siguiente: “¿Cuando hablan de que medidas como el divorcio express o el matrimonio homosexual "atentan contra la familia cristiana", a que se refieren? Exactamente como que dos homosexuales puedan casarse o que la gente en general tenga el derecho a divorciarse afecta su "familia cristiana"? ¿Los estan obligando a divorciarse? ¿Los estan obligarse a volverse homosexuales o están dando el derecho a casarse solo a los homosexuales?”
Hablemos del matrimonio homosexual. Con respecto a la primera cuestión, aparentemente correcta, la cual afirma que extender el concepto de matrimonio a otras realidades no va en detrimento del que tenemos los cristianos u otros que piensan como nosotros, ya que esto no es ni mucho menos una cuestión religiosa, puesto que podremos seguir haciéndolo sin que en nada nos afecte dicha ampliación, digo que es absolutamente errónea. El mayor ataque que puede recibir cualquier ser es ir contra su sustancia. Pongo un ejemplo que ya he usado otras veces: ¿saben la mejor forma de cargarse todo el apoyo social a los minusválidos? – espero no ofender a nadie con la palabra pero es que no conozco el último eufemismo políticamente correcto para referirme a esa realidad, aclaro que es así como nombramos esta situación entre los que la sufren y me son próximos y queridos; pero, claro, ellos son inteligentes y no progres…-, repito, ¿saben cómo?. Se lo digo yo, lo más eficaz y sin que nadie pueda protestar es ampliar el concepto de minusvalía a cualquier problemilla. Así el que tiene la ceja torcida percibirá la misma ayuda que el tetrapléjico. ¿Absurdo?, ¿no?. Cambia la definición de lo que se pretende proteger y lo dejarás absolutamente desprotegido. Esto es aplicable a cualquier cosa: al arte, a los productos distintivos de un país, a los cargos de una empresa. Amplia la definición de directivo, por ejemplo, y has dejado de serlo. Como a alguien se le ocurra calificar la limonada como vino de solera me río yo de los consejos reguladores de la calidad. Haz más flexible el concepto de arte y la partida presupuestaria que percibiría una gran pinacoteca para sus proyectos se lo llevarán los graffiteros. Y, me pregunto, afecta o no a los que van en silla de ruedas, directores, bodegueros y expertos en pintura barroca. ¿Protestarán? o algún mentecato les dirá: si nadie os impide que sigáis haciendo lo que hacéis, ¿de qué os quejáis?. Fíjense qué no será la gravedad de hacer este cambio de definición con la institución más importante de la sociedad, puesto que es la célula de ella, y que, en consecuencia, debe protegerse y promocionarse y todo lo que se haga por ella es poco. No solo económicamente sino moralmente, con reconocimiento social, con facilidades, con apoyo psicológico, con oportunidades singulares, etc. Si resulta que una familia con sus abuelos y sus muchos hijos valen lo mismo legalmente que dos amiguitos que viven juntos, ya me dirán.
Sobre la segunda cuestión de que nadie nos obliga a ser homosexual, sin entrar en la calificación de esta tendencia que ya he tratado ampliamente en esta bitácora y que continuaremos dada la beligerancia de los activistas gay, diré que tampoco esto es cierto del todo. Es verdad que de lo que voy hablar ahora es un asunto muy sutil pero se da. Me refiero al efecto pedagógico y moralizante que toda nueva ley trae consigo. La gente normal tiende a pensar subliminalmente que si algo es legal es bueno. En consecuencia, los frutos, especialmente en los adolescentes en los cuales la personalidad, incluido el equilibrio sexual, está por desarrollar, este mensaje es letal. Por tanto, una ley de este tipo acarrea un efecto proselitista. Concluyendo, si no nos obliga a ser homosexuales, al menos, induce y posibilita.
Aclaro, existe la posibilidad de dejar de ser homosexual, no viene a cuento, pero como no se oye mucho y yo soy testigo de varios casos muy cercanos lo repito por si ayuda a alguien.
Con el divorcio express es más fácil argumentar. Ya el divorcio en sí es un ataque a la esencia de la familia ya que esta por su raíz no tiene fecha de caducidad. Si existe la posibilidad del divorcio de los padres la familia se debilita en sus cimientos. Esto es tan obvio que los prejuicios no nos lo dejan ver. Es como los huevos fritos con patatas que solo nos damos cuenta que existían cuando estamos seis meses en el exilio y es de la única comida que nos acordamos. Pongo un ejemplo: Que les parecería que la legislación de un país permitiera que los socios de una empresa tuvieran la arbitrariedad de disolver la sociedad sin atender con ninguno de los compromisos con sus empleados, proveedores y clientes; bueno, ninguno, no, pactando unas indemnizaciones. Esta claro que nadie viviría seguro en un lugar así. Al contrario lo que se desea son compañías fuertes y duraderas que den seguridad a sus empleados, clientes, accionistas y sociedad. Es más lo que esperamos de la legislación es que premie la durabilidad y penalice la temporalidad. Y no digamos si hablamos de entidades de inversión, donde confiamos nuestros ahorros -¡quien los tenga!- . Esto que está claro con el tema empresarial, vamos con el dinerito, lo ponemos en tela de juicio con algo muchísimo más valioso como es la familia. Bueno pues el divorcio express es acentuar esto hasta lo ridículo. En el caso de la empresa, que en 24 horas le dices a todo el mundo que a su casa, ¡que esto se ha acabado chicos!. Cuando se abarata el coste de terminación de un compromiso lo que se hace es minusvalorar el propio compromiso. Tal es así que llega un momento en que la diferencia entre estar casado o no desaparece, ergo, dinamitamos el concepto de matrimonio y por ende el de familia. Le damos un marco de inestabilidad propicio para la irresponsabilidad y para la irreflexión tan enemigo del amor verdadero, que es la esencia de la familia.
La familia es el lugar donde se nos quiere por lo que somos y no por lo que valemos y esto, especialmente en los jóvenes, es lo que nos ayuda a crecer como personas. Si esto puede acabar, es una mentira, un fraude. El amor no existe. Esa es la razón de tanta depresión y suicidio. Pero este amor del que hablamos no es un enamoramiento compulsivo sino el amor duradero. Aclararé para la ignorancia generalizada que el enamoramiento y la pasión inicial se acaban, hasta aquí algunos llegan por eso concluyen que la solución es el cambio de ahí el divorcio, lo que no sabe la gente es que vuelven, pero en el marco de un matrimonio donde la constante es el amor, con subidas y bajadas, con perdón y con cien mil sinsabores vividos juntos.
Para finalizar voy al axioma inicial. Lo que en el fondo nos pasa, influenciados por la presión ambiental, es que pensamos que cada cual haga lo que crea y no nos metamos en la vida de los demás. Esto es lo más egoísta que he oído en mi vida y se dice mucho. Que es lo que pone el comentario: si yo no me voy a divorciar qué me va a mí que lo hagan los demás, que tengan la posibilidad, perfecto. Olvidando que la ley no es potestativa sino que es de debido cumplimiento. Verbigracia: Admitiríamos que la ley de protección de maltratos a una mujer – estos ejemplos deben tener como víctima a una fémina de lo contrario pudieran interpretarse justo en sentido contrario a lo que el autor pretende – exonerara al varón que inflingiera una paliza a su mujer si a esta, por masoquismo o lo que quieran, le gustara. De ningún modo, pues ese hombre transgredió la ley. A que no valdría decir si ellos son así felices dejémoslos y cuando mate a la mujer miramos para otro lado y decimos compungidamente: una desgracia. Una ley nos afecta a todos. El mal de una persona es un mal que daña a la sociedad. Por la misma razón, no podemos decir que no importa que la legislación corrompa la esencia de la familia ya que la mía va a seguir muy bien, ¡allá lo demás!. Y, ¿nuestros hijos, qué?; y, los demás, ¿qué?, ¿nos importan, acaso, un pepino?.
Para acabar diré que el origen de estos males contra la familia, aunque se remontan a Lutero y al Iluminismo francés – ya hablaremos algún día -, tienen un enemigo muy próximo y cercano que fue la llamada liberación sexual. Vamos que todo este problema pasa por pensar con la bragueta. Y no es coña.
miércoles, 2 de enero de 2008
El PSOE tiene razón
Resulta que los del PSOE, entre sus disparatadas e irritadas reacciones - ¡cómo me gusta verlos cabreados! - en contra de la maravillosa celebración en apoyo de la familia cristiana del domingo, han dicho algo harto sensato y que, en mi opinión, da en el centro de la diana. Resulta que le han preguntado al principal partido de la oposición que si ellos van a dar marcha atrás a todas las abyectas leyes que atacan al corazón y a la sustancia de la familia sin calificativos; la de verdad; vamos, la natural.
Por supuesto que estuve en la celebración con mi mujer, mis siete hijos y mi querida suegra. Además colaboramos en todo lo que pudimos en la propagación y organización del evento. Por falta de tiempo dejo para otro día mis comentarios; pero, en general, fantástico. Esto hay que continuarlo y sus frutos son a largo plazo. La esperanza de regeneración social no vendrá de la clase política sino de las gentes.
Voy al asunto. Cuando se plateó esta celebración sus convocantes insistieron hasta la saciedad que esta no tenía un cariz político ni en contra de nadie ni a favor de nadie. Saben lo más gordo de todo: que es verdad. Puede que los que no están en la Iglesia y no la conozcan piensen que al igual que ellos esta actúa por intereses diversos, pero propios. Claro que los cristianos pecamos e incluso la más altas personalidades de la Iglesia, pero cuando esta se mueve es por amor al hombre, esta fue la causa de la movilización: compasión ante el sufrimiento que genera la situación de abandono en que queda el hombre cuando se destruye la familia. Bien, en sus primeras reacciones el PSOE atacó a la Iglesia, pero ahora hace la pregunta clave al PP: Y, tú, ¿qué?.
Eso preguntamos todos: y tú, ¿qué?. ¿Con la familia y la vida o contra ella?. O tal vez quieres su voto para usarlo. ¡Mójate!. Esta pregunta se puede extender a algunos falsos compañeros de viaje como parte de los jefes de la cadena COPE.
Los católicos no tenemos otra afiliación que Cristo. Pero sabemos que al PSOE no lo podemos votar por ser enemigo de la verdad. Al PP tampoco, porque también lo es aunque disimule para obtener nuestro voto. Sería una oportunidad de oro para ganarse nuestro voto el contestar positivamente a la pregunta formulada. Me temo que no lo harán.
El enfado del PSOE y el silencio del PP son la prueba de que la celebración no iba ni a favor ni en contra de nadie sino que era lo que era: el testimonio, la celebración, la queja y el suspiro a favor de la familia de muchas, muchísimas personas que siguen amando al ser humano. Hay esperanza.
viernes, 23 de noviembre de 2007
Yo soy objetor de conciencia contra la EpC
Para los lectores de fuera de España – que aclaro no son pocos – reseño que se trata de una disciplina que el gobierno socialista de este país ha decidido implantar, aparentemente tal y como se hace en otras naciones del entorno, solo que, a diferencia de lo que ocurre en esos países, el contenido de la susodicha asignatura no es una simple exposición de los principios constitucionales o la descripción del funcionamiento del estado o la divulgación de los comportamientos cívicos a secas, con lo cual estaríamos desinteresadamente conformes, sino que es profundamente ideológico, tratando de adoctrinar a nuestros hijos, mezclado entre otras cosas que sí son inocuas, la concepción humana bajo la ideología de género, el relativismo, la crítica a lo genuinamente religioso y la abyecta visión sexual de los progres.
Resulta que en el proceso de enterarnos cómo hacer esta objeción hemos oído toda una serie de argumentos que apuntaban a no dar el paso desde los ambientes más críticos a ese remedo de asignatura - ¡qué no se dirá desde los otros sectores! – los cuales me gustaría denunciar por su error o pusilanimidad.
Para empezar la gente teme que en el historial académico de sus hijos quede impreso de por vida un borrón y esto es demasiado para tan caritativos padres. Además los residentes de las comunidades autónomas donde la implantación de la perniciosa materia se retrasará hasta el próximo curso, como es el caso de la de Madrid, donde vivo, piensan que es mejor plantearse este tema cuando el problema lo tengamos encima y así, con un poquito de suerte, este toro nunca llega y que otro lo lidie. Por último, en el colmo de la cobardía y también de la hipocresía, bajo mi modesto punto de vista, los más fervientes y piadosos de todos dicen: como nosotros ya llevamos a nuestros hijos a colegios religiosos ya se encargará el centro de adaptar la asignatura. No se crean que esto lo dicen con indolencia pues les consta que realmente será así; en efecto, estos colegios, lamentablemente son pocos entre los de ideario católico, harán que la asignatura se imparta de acuerdo a la mayor de las purezas doctrinales. Entre estos últimos se encuentran conocidísimos y catolicísimos sectores.
Todas están razones se caen ante una de mayor peso y es que no podemos quedarnos de brazos cruzados ante el mal que se nos viene encima a todos. Claro que hay riesgos, pero el peligro que nos cierne los demanda. Y lo más grave, los privilegiados, por la zona de residencia o por la capacidad económica de llevar a los hijos a aquellos colegios que responden a un ideario sano, no podemos mirar para otro lado medrosamente dejando que se esté metiendo en los cerebros de los niños, posiblemente de aquellas familias más débiles y desprotegidas por ser más pobres sin que cuenten con nuestra ayuda y solidaridad, este detrito ideológico. Para eso está la objeción para inundar de una ingente multitud de papelitos de estos a nuestros gobernantes y, también, a la insípida oposición, mostrando así cuál es nuestra postura y que no vamos a permitir sin luchar que traten de subvertir a nuestros hijos. Eso es algo a lo que son sensibles, pues piensan en número de votos. No vale pues decir que yo no vivo en Extremadura o que mis hijos van a este u otro colegio, ya que hay chicos a los que se les está obligando a cursar la EpC sin que sus padres encuentren los apoyos para evitarlo.
Para terminar quisiera felicitar al Foro Español de la Familia por la denodada y desinteresada labor que están haciendo para defendernos de este ponzoñoso bodrio. De igual forma incluyo un enlace donde se indica cómo objetar http://www.objetamos.com/.
martes, 2 de octubre de 2007
El marxismo no sólo es malo en su puesta en práctica sino que es intrínsecamente nocivo
La verdad es que el último comentario realizado sobre el artículo que escribí hace ya meses La religión es el opio del pueblo, ¿seguro? me ha recordado una vieja creencia muy extendida, incluso entre el orbe católico, de que el marxismo es una teoría muy buena pero que o bien nunca se llevado a cabo o bien ha fallado en sus diferentes concreciones derivando en tiranías, la cual es más falsa que un moneda de madera.
Soslayaré el criticar los diferentes regímenes autodenominados comunistas o socialistas como los de la extinta URSS, Alemania oriental, Vietnam, Camboya, Albania y un largo etcétera que recorre América, África y Asia porque sus horrores son proverbiales. Me olvido también del auténtico autor de la ideología política comunista o socialista que es el amigo Vladimir Ilich Ulianov al que algún día, si encuentro la demanda oportuna, le dedicaré alguna cosilla especial. Me voy directamente a los fundamentos de la doctrina socialista que desarrollaron Marx y Engels y digo que son erróneos y peligrosos.
Reconociendo de antemano que comparto con Marx las críticas a las injusticias sociales, que siempre se han dado y que siguen vigentes, añado que en poco más puedo convenir con él. Además ni siquiera en esto, como los convencidos, que son muchos, tratan de hacernos creer, el amigo Marx tiene el monopolio. Desde la más remota antigüedad han existido muchas voces que han denunciado, sobre todo desde la esfera judeo-cristiana, acertada y aceradamente las injusticias, singularmente las perpetradas por los ricos.
Lo que sí es innegable es la sorprendentemente efectiva facultad de seducción del marxismo ya que ha convencido a la masa, especialmente a los notables, de la bondad de su doctrina. Tal ha sido esta habilidad que, a pesar de sus notorias consecuencias, el mundo sigue creyendo mayoritariamente en dicha utopía. Es verdad que han mutado sus axiomas pero su fuerza de convicción no ha menguado. Otro día entraremos en las razones de tamaña capacidad.
Desde una visión antropológica católica voy a incidir en las tres equivocaciones primordiales del socialismo.
1.- El marxismo niega la esencia del hombre porque niega las esencias, los universales y punto. Yendo al grano, ¿qué es el hombre para Marx? – sería bueno que nos hagamos esa pregunta a nosotros mismos – la respuesta es clara: materia. O sea que el hombre es poco más que una roca, una adelfa o un pato. ¡Mentira!. Este es el error primordial, que procede de otro mayor y es que Dios no es. Si el sistema parte de una idea equivocada del hombre qué podemos esperar de sus diferentes conclusiones.
No crean que esto es baladí, si aplicamos con coherencia el materialismo colegiremos, por ejemplo, la inexistencia de la ética, esta para Marx es una estupidez burguesa que no hace sino mantener o acentuar la injusticia. Sí, sí, para este señor nada está bien ni mal. Eso son tonterías.
2.- Tal y como ya escribí en su día y reproduzco textualmente: “el método marxista cambia radicalmente el foco del problema primordial y lo traslada desde el corazón del hombre a la sociedad en su conjunto. De esta forma, en vez de dedicar nuestros esfuerzos en corregirnos a nosotros mismos, aunque es seguro que no lo vamos a lograr, pero al menos adquiriremos sabiduría y trataremos de buscar una ayuda exterior, nos dedicamos a cambiar a los demás. Yo siempre me pregunté cómo las estructurales sociales han llegado a ser injustas, porque si pensamos que los hombres por naturaleza no son malos - de hecho bueno y malo son categorías no admitidas para un coherente materialista marxista - cómo demonios llegan a serlo las estructuras sociales. Además es un hecho patente que no ha existido en ningún lugar ni en ningún tiempo una comunidad humana donde no se hayan cometido crímenes e injusticias. En consecuencia, para llevar a cabo la solución marxista, que implica cambiar a la otra clase, a la sociedad; en definitiva, a los demás, se necesita odio y violencia explícita o subrepticia. Mal arreglo es eso de sanar el odio con más odio.”
Es decir, al contrario del cristianismo que pregona que el problema de la injusticia reside en el corazón del hombre cuya naturaleza herida por el pecado original le incapacita para hacer el bien y solo la gracia obtenida en la muerte y resurrección de Jesucristo nos rescata de dicha tragedia, el marxismo afirma que las injusticias están en la sociedad y esta hay que cambiarla y punto. Insisto, ¿de dónde procede que la sociedad esté mal sino es porque las personas están mal?.
3.- Para el marxismo el motor de la historia es la lucha de clases. Este sistema, aparentemente científico, de interpretar e incluso profetizar sobre la historia fue el que encandiló a tantísimos. Fíjense que para los cristianos la historia de la humanidad se mueve por el amor, el de Dios. El amor de Dios creó al hombre y su amor es el que quiere salvarlo. Para ellos la lucha, aclaro la guerra, la pelea; esto es, el odio. Lean, por favor, lean a Marx y verán como lo único que para él mueve el mundo es el odio, el conflicto. El odio para ellos, el amor para nosotros ¿qué es lo que realmente anima al mundo?
Espero haber conseguido aclarar porqué esta doctrina es perversa y si no confío al menos haber evidenciado que en nada se parece al cristianismo. Una de las falsedades que, sinceramente, más me irritan.
viernes, 21 de septiembre de 2007
El ministro de justicia español Bermejo tiene razón
Me parece que, especialmente desde la derecha, el despiste es monumental. El aserto del ínclito ministro es una obviedad. Me recuerda a la discusión sobre la liberación del etarra De Juana Chaos en la que al PP le ganaban dialécticamente por goleada y era un tema, al igual que este, donde el sentido común va en contra de lo que la realidad jurídica indica.
¿Cuál es el problema pues? ¿Porqué el sentido común parece contradecir a la ley jurídica?. La respuesta está – no en el viento – en la pregunta. Porque está mal la ley.
Dejémonos de zarandajas el problema es que el código penal español tiene una penas muy pequeñas porque se sustenta en un principio constitucional que es la reinserción, el cual es muy discutible. La primera razón de las penas tiene que ser la sed de justicia de una sociedad y el resarcimiento, si es posible, de la víctima. Por eso el código penal ha sido y es, eso, penal; es decir, punitivo. Lo primero es el castigo y luego, si el condenado muestra arrepentimiento, se puede tratar la reinserción pero como un añadido, muy loable, pero añadido. Es por ello que si no cambiamos este espíritu constitucional relativo a la justicia y como consecuencia de ello se aplican penas proporcionales a los delitos que incluyan entre otras, por supuesto, la cadena perpetua estaremos siempre en este dilema en el que la ley jurídica contradice al sentido común y cuando esto se mantiene en el tiempo la gente deja de creer en la justicia, en el sistema y pasa lo que pasa.
Por supuesto que esto no quiere decir que la ley no tenga resquicios para la misericordia, tales como conmutaciones o incluso condonaciones, pero solo para los que hayan demostrado muestras de un verdadero arrepentimiento y no hay mejor herramienta que ayude al arrepentimiento como un buen castigo. Sobre este particular estoy persuadido de que un gran porcentaje de los condenados a la pena capital están en el cielo ya que tuvieron una gran oportunidad de atrición.
Volviendo al caso que nos ocupa es más que significativo enfatizar que este hombre fue acusado de violar a 16 mujeres - conviene aclarar que 16 es el número de los casos que se han podido demostrar -, motivo por el cual tuvo una sentencia de 310 años. Teniendo en cuenta que el código penal limita a 30 el número máximo de años que uno permanece en prisión en España y que, para más inri, los beneficios penitenciarios, o sea, los años de descuento sobre la pena se contabilizan a partir de esos 30 en vez de desde la condena, el tipejo este ya ha cumplido su condena; sí, cumplido, y va a ser libre. Total, 16 de cárcel por 16 violaciones: a año por violación. ¡Ah!, las razones para la espléndida rebaja de 14 años de cárcel son el haber aprendido yoga y defensa personal – ¡que se preparen las mujeres con las que se encuentre este desalmado a partir de ahora! -. Por cierto, de su intención a reincidir no se si será un juicio de valor o si el hecho de que durante sus fines de semana de tercer grado – para la gente de fuera de España les aclararé que aquí los delincuentes, incluso lo más peligros, tiene a partir de cierto momento fines de semana de vacaciones – cometiera varias de sus violaciones represente algún indicio de peso.
El problema no es que el juez interprete no se de qué manera la ley, ni que busquemos ridículos delitos nuevos, ni otras pintorescas salidas para prolongar la estancia en prisión de este y otros maleantes. No nos perdamos por las ramas y vayamos al fondo: hay que cambiar la ley. Pero a esto no están los políticos.
Y aclaro que a mí la reinserción me parece fenomenal y muy acertada pero no para la parcela de justicia porque si no desdibujamos una de las funciones básicas del Estado que es la de garantizar la seguridad de los ciudadanos y el monopolio de la justicia (para evitar las venganzas personales). Una idea podría ser la creación de un cuarto poder que tuviera como razón de ser el arreglar los corazones de la gente, el convertir a los malvados en buenas personas y a los delincuentes en honrados ciudadanos. Algo así como un mesías laico, una evangelización pública y una Iglesia secular.
jueves, 19 de julio de 2007
Los mártires del 36
La verdad que me cansa tener que explicar lo obvio pero en estos tiempos de relativismo, especialmente en lo racional, la idiocia es colosal.
Vamos al tema. El mensaje sublimizar de estos es siempre el mismo: la Iglesia canoniza a los del bando nacional, franquista, golpista, de derechas o como carajo lo queramos llamar.
Miren nadie es canonizado por morir defendiendo a la derecha, a Franco o similares. Esta gente murió violentamente por ser curas, monjas, ir a misa, llevar una crucecita en el cuello, no querer blasfemar; esto es, por ser cristianos. Además todos ellos entregaron su vida al Padre negándose a apostatar y perdonando a sus verdugos.
Por si alguno no lo sabe, la persecución religiosa efectuada en España en la guerra del 36 tuvo unos extremos de crueldad máximos, pero como la izquierda domina la cultura y el cine la gente lo ha olvidado. Valga de ejemplo el de la superior Carmelita aserrada viva.
Sin embargo, todos aquellos que murieron asesinados por defender a Franco o la derecha, al comunismo o al PNV, por muy buenas personas que fueran o por muy ordenados curas que estuvieran, no son mártires. Posiblemente fueron víctimas de tremendas injusticias y merecen, por tanto, todo nuestro elogio y conmiseración. Pero no mártires, estos son los que mueren exclusivamente por Cristo. Y no hay vuelta de hoja.
No se porque a mí me da la impresión que esto lo tienen muy claro los del PNV y hasta puede que los rojillos también, pero que aprovechan cualquier excusa para atizar a la Iglesia y, de paso, a la derecha.
Bien es verdad que todos los mártires de la guerra civil española fueron matados por rojos; pero que le vamos hacer, es que fue así. Lo más sensato es que sus herederos políticos callen o si abren la boca para hablar de aquel tiempo sea para avergonzarse y desmarcarse de lo que sus antecesores políticos hicieron.
¡Ah!, sobre mártires no se pierdan lo que el magnífico blog, tanto por sus contenidos como por quién y desde dónde está escrito, In Partibus Infidelium cuenta.
miércoles, 30 de mayo de 2007
Líderes políticos católicos
Mientras no surjan estos líderes que cumplan las dos condiciones de cristianos genuinos por un lado y de fama y reputación acreditada por otro, de nada servirán los partidos testimoniales. La gente necesitamos identificarnos con alguien y seguirlo. Ya sabemos que los cristianos solo hacemos esto con Cristo pero aquí estamos hablando en otro plano: nos referimos exclusivamente a la política.
Por último, recomiendo vivamente la lectura de esta entrada relativa a la educación sobre la ciudadanía que escribe el embajador en el infierno. No tiene desperdicio. Para que sepamos cuál es el panorama.
lunes, 28 de mayo de 2007
27M Elecciones municipales y autonómicas en España
Los análisis de los resultados de estas elecciones son variopintos pero parecen coincidir en que el PP las ha ganado o que, al menos, el PSOE no lo ha conseguido. Aunque parezca lo mismo, los matices y las formas de expresar las cosas son primordiales, a diferencia que en el resto de las disciplinas, en política.
Para mí las conclusiones son tres:
- La gente ha votado contra ZP. Ir en contra suele ser más divertido y más sugestivo que a favor de algo.
- El nacionalismo divisor y fanático está muy enraizado en la periferia septentrional española
- Los denominados partidos testimoniales que defienden o al menos no atacan los valores fundamentales para un católico no han obtenido la más mínima representación
¿Qué si esto es bueno o es malo?: No sé. Que a ZP le vaya mal políticamente es como para regocijarse en mi modestia opinión. Lo del nacionalismo es penoso. Y, por último, la falta de alguna organización política de verdad que patrocine la moral natural es desastroso. No haría falta que gobernara si al menos fuera lo que en política se llama pinza – estado que se ha demostrado ser de los más beneficioso para la consecución de los intereses de un partido y que menos debilita sus ideales -. Creo que tal escenario sería muy provechoso para la salud ética de nuestra sociedad.
Pero que se dé esta más que deseable situación requiere tan solo de una cosa que no he visto a ningún periodista, blogero o intelectual, de los que defienden la existencia de tales partidos, mencionar. Esta cosa no es la unión de los pequeños partidos, llamémosles testimoniales, ni la toma en conciencia de los católicos, ni una mayor actividad de tales organizaciones.¡No!, todas esas cosas están bien, pero no son la clave necesaria. Lo que hace falta son líderes.
miércoles, 23 de mayo de 2007
La derecha moderada
En principio estas afirmaciones, entendidas textualmente, no me parecerían mal. Cabría la posibilidad de interpretarlas como hacer una política que trate a los ciudadanos como lo que son: personas. Abandonar la tentación de un capitalismo agresivo donde el hombre es tan solo un recurso, un elemento económico más (antropología no lejos de la pesimista y materialista visión marxista, si no en sus síntesis sí al menos en sus principios ontológicos). Es verdad que los padres del liberalismo o el libre-mercado tenían una visión moral del hombre y sus fundamentos no solo no son malos sino que concuerdan con la naturaleza humana y, por tanto, son buenos y necesarios. Pero, también es verdad que el egoísmo del hombre provoca un mal uso de la libertad – al igual que ocurre con todas la otras cosas buenas de la creación – acarreando el mal y la injustita en el prójimo. La razón última es sencilla, aunque no se quiera ver: el drama del hombre no es el sistema político o la sociedad injusta en la que vive sino la naturaleza lesionada que ha heredado consecuencia del pecado original.
Tal vez, estas quejas, puedan referirse a la tentación que tiene la derecha de hacer un totalitarismo del patriotismo. O les reclaman una mayor preocupación por los asuntos sociales; es decir, especial atención a los más desfavorecidos. Posiblemente les están demandando que no se luche con la inflación tan solo con la moderación salarial a costa de las familias. Quien sabe si lo que le piden son medidas para evitar el enriquecimiento especulativo. Socorro al Tercer Mundo, sensibilidad medioambiental, inversiones en bienes y servicios para las clases populares, mejora de la calidad de la enseñanza, igualdad de oportunidades, equiparación del trato de la justicia, etc. Yo: de acuerdo.
Pero, hete aquí, que cada vez que algún moderado de derecha o centro-izquierdista - como Savater ayer mismo - abre la boca para explicar lo que quieren decir con estos anhelos, se destapan sus verdaderas intenciones. Acompañándolo de algunos temillas de cariz menor, declaran taxativamente el punto clave: el PP debe abandonar sus tendencias más confesionales (sic).
Y, ¿qué son las tendencias confesionales?. En esto no hay ninguna duda: todo lo relacionado con la vida, con la moral sexual y con la enseñanza religiosa. Aquí está el punto neurálgico de la batalla apocalíptica entre el bien y el mal que, como en cada generación, se está luchando en nuestro tiempo. Lo que el papa Juan Pablo II el Magno calificó de la cultura de la muerte. La cultura de la muerte contra la de la vida. Aborto, eutanasia y divorcio contra amor, entrega y vida. Esta es la auténtica brecha, no izquierdas y derechas.
Los cristianos en esta batalla andamos despistados: que si somos del PP, algunos – estos no se si tienen remedio – que si somos del PSOE. ¡Confundidos!. Ellos, lo tienen claro: su enemigo es el aspecto confesional. Saben muy bien que el nuevo orden mundial descansa sobre un trípode: relativismo, hedonismo y muerte. Es decir, haz lo que quieras, disfruta y para mantener ese ritmo reduzcamos a los más débiles: pobres y no nacidos. Lo que no saben es que esa ideología tiene la fecha de caducidad pues lleva inoculado un germen de muerte. El cristianismo, por el contrario, sobrevivirá eternamente, a pesar de la negligencia de sus miembros, pero el problema son las víctimas que este proceso dejará tras de sí: abortos, confusión en la gente, insatisfacción, depresiones, odios, sufrimiento, personas que se perderán en el error, condenaciones eternas y, en un futuro, mártires.
Si el PP está lejos de defender estos valores no negociables para un católico y desde el progresismo, tanto de derechas como de izquierdas, se les reclama que los abandone aun más, podemos inferir que todo el sistema político actual corre en una dirección opuesta a la Verdad.
¿Dónde se sitúan los cristianos?
miércoles, 16 de mayo de 2007
Giuliani metió la pata pero otros muchos también
Miren, por mucho Pulitzer que tenga y por mucha doctrina política que haya elaborado, en esta columna mete la pata como Giuliani que se manifestó partidario de despenalizar aun más el aborto en USA amén de otras cosillas (seguro que se las imaginan).
El problema del aborto en USA no es que esté regulado desde los setenta por la jurisprudencia a partir del conocido caso Roe contra Wade en vez de por una ley democráticamente emanada del parlamento. No, el problema es que la matanza del 11S, cuya realidad de aflicción poca gente haya vivido tan de cerca como el ex-alcalde de NY, se queda pequeña en comparación con el holocausto que representa el nefando crimen del aborto en ese país.
El manoseado argumento feministoide del sufrimiento y el sacrificio de las mujeres ya cansa hasta la nausea. A mí las mujeres me impresionan – ¡y mucho! – pero las madres abnegadas que tiran con carros y carretas para sacar adelante a su familia; es decir, todo lo que el feminismo odia de la mujer es lo mejor y lo más propio de ella; a saber: su intrínseca triple faceta de madre, esposa y mujer.
Yendo al caso, amigo Charles, me temo que estás tan desenfocado como tu correligionario Rudy. Este no es un asunto de formas jurídicas, ni siquiera de ley civil, sino de ley natural. El aborto es un crimen y ninguna institución, por muy democrática que sea, puede arrogarse la capacidad de legislar a favor del asesinato ya que tal acción es, en cualquier caso, aunque fuera por la totalidad de los votos de la población, ilegítima e injusta puesto que se está haciendo algo fuera del ámbito competencial de la sociedad.
Todo debate acerca del aborto fuera de los término éticos está viciado de partida y llevará a conclusiones erróneas. Tal y como ocurriría con la eutanasia, la esclavitud, el derecho a ser persona de una raza o sexo, la libertad individual, etc. Poner en tela de juicio o regular el derecho a la vida, la libertad y a la dignidad de las personas es algo que no podemos hacer porque son derechos derivados de otro superior: el de Dios. Él nos creó, por su inquebrantable voluntad, libres, con una vida y llamados por vocación a la mayor dignidad: la de ser hijos de Dios.
lunes, 7 de mayo de 2007
¡Pobres ecologistas!
Estoy totalmente compungido: ¡pobres ecologistas de mi región!. El año pasado, con la sequía galopante que azotaba toda España estaban encantados. Se les veía felices, estaban animados, en plena forma, como nunca. Nos amonestaban con las más aciagas previsiones: ¡No se puede regar!, ¡es la inicua mano del hombre!, ¡la pacha mama se revela!
Pero; ¡ay!, este año, no. Ya me veía yo no pudiendo tirar de la cadena cuando iba al baño y, ¡claro!, en las casas de los reaccionarios, como este humilde servidor, que tenemos muchos hijos, esto puede llegar a ser un problema muy serio en pocos días. Porque tener muchos hijos es antiecológico; ya saben, los pañales y todo eso.
Pobres ecologistas. ¡Menos mal que les queda el cambio climático!. La verdad es que estoy muy preocupado por su ánimo. Confío que este verano haga mucho calor y así puedan tener algún motivo para lanzarnos sus proclamas soporíferas. El pasado invierno ha sido muy suave en España y, ¡vaya por Dios!, esto ha provocado que se contamine menos puesto que se reduce el uso de la calefacción: cosas raras que tiene la realidad que no entiende de ideologías.
viernes, 27 de abril de 2007
Los distintos tipos de familia en la edad moderna
El caso es que – ¡cómo no iba a ser de otra manera! – en esta asignatura se va a enseñar que existen distintos tipos de familia. Este nuevo, grotesco y disparatado aforismo no es más que una cobertura, una coartada, para contentar al insaciable grupo de presión homosexual y aceptar que una pareja del mismo sexo pueda ser considerada matrimonio y, por tanto, familia.
Lo más triste de todo es que este absurdo es reclamado por estos grupos, no porque estén interesados en casarse, ni mucho menos, sino por mero capricho. Es imprescindible conocer a las personas con las que tratamos para entender sus necesidades. A este respecto, recomiendo para el que quiera adquirir algo de conocimiento sensato y con rigor sobre este asunto que lea el maravilloso libro del doctor de Psicología de la universidad de Ámsterdam Gerard J.M. van der Aardweg “Homosexualidad y esperanza”. Siguiendo su tesis, basada en varios estudios de diferentes profesionales serios, una de las causas más habituales de este trastorno es el complejo de inferioridad; en consecuencia, una persona aquejada de esta alteración tendrá unas ansias infinitas de autoafirmación. Además, añado yo, este problema se acentúa con el sentimiento de culpa, que consciente e inconscientemente les azota, porque todo hombre sabe perfectamente qué está bien y qué está mal aunque no lo reconozca. El resultado es la necesidad irrefrenable y compulsiva de que todo el mundo les diga que tienen razón, que lo suyo es normal, que está bien. Esta necesidad es y será insaciable y con tendencia a crecer exponencialmente hasta el paroxismo. Por eso exigen matrimonio, aunque sea un esperpento, ni siquiera les vale una ley de parejas de hecho – con la que también estoy en contra pero no me quiero desviarme del tema – sino que demandan el matrimonio, la adopción de hijos y lo que sea; aunque les importe un bledo – las cifras cantan – porque lo que realmente desean es que se les de la razón como a los niños.
Esto es solo el principio. El tema gay está siendo utilizado por la izquierda porque necesitan causas para proseguir con su esquema desgastado. La alianza es clara: la insatisfacción existencial con el método de utilizar el enfrentamiento y la reivindicación como eje de construcción de la sociedad y consecución del poder.
jueves, 26 de abril de 2007
Eso, eso: ¿a quién votar?
He de confesar que fluctúo irremediablemente entre la posición que defiende él y la del mal menor. A favor de la primera hay una razón impecable que es la coherencia; de la segunda, por contra, la búsqueda de una ralentización, ya que la atenuación parece quimera, de este proceso inexorable hacia el derrumbe de la llamada civilización judeo-cristiana.
Es algo sobre lo que he cavilado largamente y, también, he departido con próximos cultivados. Francamente no acabo de definirme. Es verdad, la primera me parece la correcta, pero por mucho que comparta los argumentos a favor no se me quita el resabio de que votar a uno de estos partidos, digamos testimoniales, es una acción inútil. Por otro lado, votar al mal menor se me antoja una contravención. ¿Qué hacer?
Lo reconozco, estoy en duda.
He de confesar que no me gustan mucho los partidos políticos que se definen como católicos, porque tal y como reza el chiste “la política es tan nociva que hasta lo mejor que hay en este mundo que es una madre lo convierte en algo malo cuando es madre política”. Me da mucho miedo que un partido se autoproclame católico. La única que puede ostentar ese nombre es la Iglesia porque cuenta con la ayuda incondicional del Espíritu Santo; pero un partido que no tiene esa garantía y que lo quiera o no lucha por el poder, aun con la más altruista intención de servicio, me parece que es muy peligroso para el buen nombre de nuestra fe.
No obstante, lo que me gusta y mucho, es la participación de los católicos en política, pero en diversos partidos y no para seguir sus dictados mundanos sino para transformarlos, defendiendo con bizarría los valores morales, en organizaciones que busquen sinceramente el bien común.
Y lo que más me gusta de todo es la visión de un sistema donde la ley natural no sea parte de la lucha política sino que constituya el cuerpo y el espíritu de su ley fundamental. Por tanto, abogo por el cambio de régimen, por el cambio de constitución, para que a los correctos valores de libertad y justicia se les añada otros superiores como la defensa de la vida, desde su concepción hasta su fin natural, la promoción de la familia (la de verdad: un hombre y una mujer, unidos hasta que la muerte los separe, con sus hijos) y su reconocimiento como célula de la sociedad y anterior, por tanto, al estado.
¡Hablaba yo de quimera referida a los partidos testimoniales! y lo mío, ¿qué es?: ¡Ensoñación pueril!. Sigo con la duda, pero hay algo en lo que no vacilo: el convencimiento de que la única regeneración de la humanidad viene por la evangelización basada en las palabras y los testimonios, incluido el martirio cuando fuera menester, de los cristianos en medio del mundo. Esa es nuestra tarea.
jueves, 19 de abril de 2007
¿A quién debemos votar los católicos?
Pues no va y dice la buena señora que también saldría en pelotas en una revista pero que ya no tiene la belleza para hacerlo. Esto lo dice para defender a una concejala de un pueblo andaluz, cuyos oriundos son los protagonistas de una las más célebres familias de chistes españoles, que posó desnuda para la portada de una revista local. Además, para terminar la faena, añade que, como liberal, defiende los derechos de los homosexuales, entre los que están muchos de sus mejores amigos.
Pues yo, que también soy algo liberal, le digo que, como “la verdad os hará libres” – según dijo el Señor -, voy a decírsela para que así alcancemos la libertad.
Para empezar, una de las peores enfermedades sociales que sufrimos es la proliferación de la pornografía. Esta, en mayor o menor grado, se encuentra en todos los programas de televisión, anuncios, revistas de todo tipo, no solo las del género, etc. Lo cual provoca la cosificación, principalmente, de la mujer, la vanalización de la sexualidad y el desajuste, por exceso e incluso por defecto, de la libido. Aunque existen otras causas que se pueden añadir, las consecuencias directas de esto son: el maltrato a las féminas, la crisis del matrimonio y por ende de la familia, la falta de amor y de compromiso entre las parejas, singularmente de jóvenes, la profunda insatisfacción, las conductas inmorales y los trastornos en el terreno sexual que, como nunca antes había ocurrido, azotan a multitud de personas. Sin olvidarnos de la depravación. La gente se pregunta: ¿cómo hay estas aberraciones?. Sin embargo, yo me pregunto: ¿Con la carga sexual con la que se nos bombardea sin descanso cómo no hay más?. Porque ya me dirán ustedes de qué forma se defiende un pobre señor que tenga una vida gris y esté viendo constantemente chicas estupendas que se le insinúan con las que nunca podrá tener relaciones y que recibe incansablemente el patrañero mensaje de que lo más importante en la vida y lo único que nos hará felices es fornicar y, además, si no lo haces serás un frustrado. Esto hará que cada día se aleje más de su realidad y viva una ensoñación que le deprimirá y, en el peor de los casos, le pervertirá. Pues la verdad es otra, no solo se puede vivir sin fornicar sino que ese pecado destruye el alma llevándonos a la insatisfacción vital más profunda. La felicidad está en amar. Tal vez no podamos por nosotros mismos pero sí con la ayuda de Dios. Si, por el contrario, este hombre está engañado y busca la realización en los pecados sexuales se perderá sin saber que podía pedir ayuda.
Por otro lado, los homosexuales. ¡Qué derechos de los homosexuales y qué puñetas!. Los homosexuales no tienen ningún derecho, como no lo tienen ni los borrachos, ni los futbolistas, ni los que visten azul, ni los ludópatas, ni los cinéfilos. Las personas son las que tienen los derechos. Porque, díganme, qué derechos: ¿casarse?, ya lo tienen, como yo: un hombre y una mujer; lo contrario no es matrimonio, es un abominio. La homosexualidad es un grave desorden y practicarla un pecado y una aberración. Pero esta tiene solución: se puede dejar de tener una tendencia homosexual – porque no se es homosexual, tan solo, se padece esa tendencia errónea - bien por vías psicológicas, bien con la ayuda de la gracia. Esto sí que es un derecho, saber que sufro un mal y dónde está la curación.
¡Cómo está el patio de la derecha! y votar para un católico a las opciones de izquierda en España es imposible . También hay partidos muy pequeños de cariz católico o al menos defensores de la vida, pero que no sacan ni la mínima representación, por mucho que lo queramos disfrazar es tirar el voto: Ya me dirán ustedes que hacemos…
viernes, 13 de abril de 2007
Las religiones son la causa de la guerras
- Las religiones son la causa de la mayor parte de las guerras – dice el detractor.
- ¡Hombre! Al menos excluirás al cristianismo – le contesta el defensor -, yo no he visto nunca a un cristiano inmolarse con un cinturón de explosivos para matar a un montón de inocentes.
- Ya – añade burlonamente el primero -, en la edad media no existían las bombas.
Silencio
- Esto ya lo hemos hablado otras veces – continúa el detractor – todas las religiones, incluido el cristianismo, tienen un algo de creencia en la divinidad que las hace incompatibles con la razón.
Más silencio. El defensor piensa: quizás, visto de esta forma, tiene parte de razón.
Esto lo hemos vivido de una u otra forma en infinidad de ocasiones. Ayer lo volví a oír en la radio española Onda Cero y el detractor era el polémico periodista español Arcadi Espada.
Me he decidido a escribir esta entrada por dos motivos: el primero porque es falso lo dicho y el segundo porque si bien una posición exclusivamente apologética no es lo más eficaz no es menos cierto que renunciar totalmente de partida a ella llega a ser muy perjudicial.
Para empezar es totalmente falso que la religión sea la mayor causante de conflictos. Esto es un análisis pueril y frívolo. El causante de las guerra es el orgullo del hombre y su codicia que le hace luchar por mantener a toda costa lo que tiene o arrebatar lo que su prójimo posee. Si un gobernante cae en la cuenta de que con la religión puede dominar a su pueblo o conquistar a otro vecino la utilizará como pretexto, pero, en el fondo, lo que subyace es su codicia. Pero no solo utilizará la religión sino también el territorio, el dinero, los recursos naturales, la población o cualquier otro bien que le permita detentar mayor poder. Por supuesto, esto no solo sucede a nivel de los jerarcas sino hasta con el pobre que pide en la puerta de una iglesia, que se matará por conservar el lugar donde limosnea. En resumidas cuentas, esto es como decir que si la razón del sempiterno conflicto entre judíos y palestinos es el control de la escasa agua de la zona – que es una de la principales – lo que hay que hacer es quitar las fuentes del Hermón porque, ¡claro!, el agua es muy mala: es el motivo de la cruenta disputa. O como pensar que la causa de tantos accidentes de tráfico son los coches y que, por consiguiente, dado que el automóvil es diabólico hay que borrarlo del mapa y todo el mundo a andar en burro. No se crean que es broma, en el fondo, si los aburridísimos ecologistas no lo dicen explícitamente, al menos, de sus majaderías sí que se infiere. Efectivamente la causa de las guerras son las ansias de poder que nacen del corazón del hombre. Todos podemos apreciar que, lejos de lo que parecería lógico a priori, cuanto más se tiene más se quiere.
Por otro lado, además, el cristianismo es radicalmente diferente al resto de las religiones, entre otras cosas por que no es una religión en sentido propio – esto, por no desviarnos de la cuestión, no lo trataré hoy -. Me gustaría comentar una serie de aclaraciones a este respecto:
- En el fundamento de la vida cristiana está, no solo el respeto a los adversarios, ni el aceptar a los contrarios, ¡no!, está el amor – sí, amor – a los enemigos. Esto no es una peculiaridad; esto es, la esencia del cristianismo.
- Las vidas de personas ejemplares que siempre ha puesto la Iglesia en toda – y repito: toda - su historia, es decir los santos, se han caracterizado por su amor a Dios y a los hombres. Nunca ha sido canonizado nadie por defender militarmente a la Iglesia. Tal vez se le alaben sus servicios o se loen sus proezas en un libro de historia eclesiástica; pero ninguno de ellos ha sido canonizado por tales cosas sino por el amor a Dios y a los hombres; especialmente, a sus enemigos.
- Los mártires de la Iglesia son aquellos que se dejan matar, sin defenderse, amando y perdonando a sus verdugos. Los que han muerto en combate, aunque fuera de forma heroica y plausible, no son mártires.
- La Iglesia ha vivido tanto cerca del poder como perseguida por él en distintas épocas y lugares. Ha sabido mantener la misma fe en toda circunstancia. En consecuencia, su fe y su moral no necesitan del poder.
- En los momentos que la Iglesia ha vivido cerca del poder; por supuesto que se ha utilizado de la fuerza para imponer el imperio de la ley. Como ocurre ahora con las democracias, faltaría más. O es que no se usa hoy la fuerza para evitar los delitos, cobrar impuestos o defender la patria de un agresor exterior. Pero las autoridades, de aquellas épocas y lugares donde se confundían la Iglesia con el Estado, usaban de las legítimas herramientas para mantener el orden y la defensa, no cayendo en la barbarie sino ajustándose a la ley y al derecho de la época. Usando formas similares a otras culturas civilizadas coetáneas. Si acaso con un poco más de compasión. Es que olvidamos que en esos momentos las autoridades eclesiásticas compartían atribuciones de la cosa pública y como tales se las debe juzgar.
- La vida de Jesucristo, su maestro y cabeza: sin mayores comentarios al respecto.
Lo que quiero decir es que del resto de las religiones no se pueden decir todas estas cosas. En el mejor de los casos solo alguna de ellas le son aplicables y a otras muchas religiones lo que se les puede atribuir es todo lo contrario.
Mi admirado Vittorio Messori en el prólogo de su libro “Las leyendas negras de la Iglesia Católica” me dio una pista sobre el grave peligro que tenemos los católicos que de pensar que ahora la Iglesia es como Dios manda y que antes cometía alguna que otra tropelía. Esto es una oportunidad para que el tentador nos pregunte: si ayer no la inspiraba el Espíritu Santo, ¿porqué hoy sí?. Por eso, los católicos, estamos obligados a conocer nuestra historia y a discriminar la verdad. Porque es mentira la mayoría de los ataques recibidos. Por tanto debemos formarnos y aprender nuestra historia como fue y no como se han empeñado en transmitírnosla. Especial obstinación de desinformación, desde la Reforma, han tenido nuestros erradísimos compañeros de creencia en Cristo protestantes. Nunca oigo mayor facundia ignorante como cuando escucho a un protestante de a pie hablar sobre la Iglesia Católica.
Por cierto, lo digo por algún comentario, el catolicismo es cristianismo, católico no es más que una apelativo que significa universal para indicar que comprende a todos. Es verdad que el nombre de cristiano lo mantienen lo que se separaron, pero siempre con algún otro vocablo que los identifique. Es como le de la Coca-Cola light frente a la Coca-Cola, para entendernos. O sea que no creo que haya nadie con más derecho para llamarse cristiano que los fieles de la Iglesia Católica que llevan dos mil años denominándose así desde que acuñaron el término; bueno, ya lo se, los que protestan también pueden usarlo. Con el mayor respeto y cariño ecuménico, pero diciendo también las cosas claras.
martes, 10 de abril de 2007
¡Cómo anda parte del clero!: Ahora un cura de derechas
Sinceramente, que un presbítero renuncie a ejercer su vocación – que no a su ordenación, matizo, cuyo carácter es indeleble – me parece incomprensible. Jesucristo lo llamó para al ministerio apostólico, aunque por subordinación, para la misión más grande que se pueda concebir que no es sino la que el mismo Cristo confió a sus apóstoles y este señor, Jose Luis Torres, decide que debe ser más importante servir a sus conciudadanos como alcalde. Es patético.
Despreciar la vocación de trabajar en la viña del Señor en aras de una labor política yo me atrevería de calificarlo si no de idolatría al menos de estupidez. Dejarse deslumbrar por una gloria pasajera cuando el Señor ha abierto ante uno un proyecto de santidad es ceguera. Se imaginan que San Pablo, mucho más preparado para la cosa pública que esta persona, hubiera renunciado a la evangelización por un puestecillo en la administración romana; pero, para gobernar cristianamente, ¡eh!, no se crean.
De todas formas para mí hay algo más grave: Que un cura apueste por un partido político, en este caso el conservador, de centro o de derechas – cada cual lo define de una manera distinta -; es decir el partido popular de España (PP), hace que, se quiera o no, la gente lo identifique con la Iglesia. Cosa que es muy insana ya que la Iglesia no tiene más afiliación política que el evangelio y colabora de forma puntual y nunca incondicional con todo el que la ayude, sea partido o sea lo que sea, en la consecución del objetivo único que tiene, que es llevar a los hombres a la salvación que Jesucristo nos ha ganado.
Por último, este hombre se ha granjeado el cariño de sus paisanos gracias a su cargo de párroco con lo que ha utilizado la Iglesia y la misión sacerdotal para un beneficio propio o lo, que es peor, partidista e ideológico.
El clero anda revuelto: o los payasos de la mal llamada iglesia roja o este aprendiz de político de derechas. El caso es que hay curas, cada vez menos gracias a Dios, que no se dedican a lo que tienen que hacer. Y están todos ellos muy equivocados pues no hay mejor servicio que puedan realizar por las personas que el ser curas santos. Afortunadamente nuestros obispos nos defienden de ellos cada vez con más valor.
Insisto la Iglesia que no es de izquierdas ni derechas sino del evangelio tiene que sufrir ataques desde dentro, desde fuera e intentos de domesticarla.
Lo de este cura, que quieren que les diga, me parece mal, muy mal. Ojalá pierda las elecciones; pero, que tampoco las gane la izquierda.
jueves, 29 de marzo de 2007
La religión es el opio del pueblo, ¿seguro?
Cada vez estoy más convencido de que Marx tuvo un lapsus freudiano con su proverbial sentencia “la religión es el opio del pueblo”. No hay mejor forma de ocultar una evidencia que con una mentira muy grande. Porque la realidad es que el socialismo es el opio del pueblo.
Para empezar el socialismo propone la ilusoria promesa de un paraíso aquí en la tierra que nunca se ha dado y nunca se dará. Lo que sí ha traído, y en demasiadas ocasiones, ha sido violencia, desgracia, opresión, tiranía y sufrimiento. Al fin y a la postre la ideología de izquierdas acaba concretándose, como cualquier otra corriente, en un sistema social piramidal. Tan solo sustituyen la nomenclatura del escalafón y las componentes del poder, pero en el fondo, es lo mismo que cualquier otra sociedad. Y, ¿porqué?. Por dos razones: La primera: porque los hombres somos distintos en capacidades y condiciones por naturaleza y la segunda: porque existe el pecado original, por tanto, los seres humanos de nacimiento venimos con una tara que, inconsciente e ineluctablemente, nos empuja al egoísmo. Consecuentemente, el marxismo construye su edificio desde unos cimientos falsos porque sus presupuestos son contrarios a la naturaleza y a la esencia profunda del hombre.
Por si esto fuera poco, el método marxista cambia radicalmente el foco del problema primordial y lo traslada desde el corazón del hombre a la sociedad en su conjunto. De esta forma, en vez de dedicar nuestros esfuerzos en corregirnos a nosotros mismos, aunque es seguro que no lo vamos a lograr, pero al menos adquiriremos sabiduría y trataremos de buscar una ayuda exterior, nos dedicamos a cambiar a los demás. Yo siempre me pregunté cómo las estructurales sociales han llegado a ser injustas, porque si pensamos que los hombres por naturaleza no son malos - de hecho bueno y malo son categorías no admitidas para un coherente materialista marxista - cómo demonios llegan a serlo las estructuras sociales. Además es un hecho patente que no ha existido en ningún lugar ni en ningún tiempo una comunidad humana donde no se hayan cometido crímenes e injusticias. En consecuencia, para llevar a cabo la solución marxista, que implica cambiar a la otra clase, a la sociedad; en definitiva, a los demás, se necesita odio y violencia explícita o subrepticia. Mal arreglo es eso de sanar el odio con más odio.
Sobre esto de que el problema está en el interior de hombre y no en la sociedad o en los dirigentes o en los capitalistas, etc. me viene a la cabeza un ejemplo que me contaba mi padre: resulta que unos de los cabecillas sindicales de su empresa que reclamaba, asiduamente y con mucha beligerancia, la contratación de más personal, le tocó un buen día la lotería. Con el dinero montó un bar y cuando fueron mi padre y otros compañeros a visitarle se sorprendieron de que en ese negocio solo trabajaban él, su mujer y sus hijos. Entonces le preguntaron: «¿es que no tienes empleados?. ¡Empleados! – contestó él – ¡para que se lleven las ganancias!».
Ayer estuve viendo la genial - aunque de inicuo mensaje - película del director ruso Eisenstein "El acorazado Potemkin". Es fácil deducir de ella la propuesta bolchevique: atajar el odio con más odio y erradicar el cristianimo como si fuera el cómplice del mal social.
El odio y el mal se arreglan con el amor y eso implica que alguien pierda; y este siempre es el que ama, ya que se sacrifica. Sin embargo, el pecado original nos inhabilita para amar así, cuando nos enfrentamos a alguien que nos perjudica. En efecto, cuando tratamos de vencer el mal con el bien, en el fondo, siempre perdemos algo y eso no parece muy justo. ¿Solución?: Si alguien la quiere saber que lea Rom 7 14-25.
viernes, 23 de marzo de 2007
Los distintos tipos de familia
Si esto no fuera tan grave, dado que está teniendo una repercusión en la realidad, sería para tomarlo a chirigota.
Se imaginan vds. que alguien fuera a su jefe y le dijera: “¿Quién es usted para mandarme esto?, No, no me diga que usted es mi jefe; no. Que lo dice ese organigrama; y a mí qué. La empresa es una realidad plural; oye tú. Los organigramas tienen interpretaciones múltiples y los cargos tienen una lectura amplia; es que ¿no lo sabe?. Usted es un cerril, usted es un retro. No, no se lo imaginan, ¿verdad?, suena a chiste. O que un sujeto se sentara en la mesa y pusiera los platos en la silla y se irritara si alguien le preguntara que qué diablos hace. O que nos sorprendiéramos porque la salud de un cervatillo ha sido mermada tras dejarlo a cargo de dos lindos papás leones. Pues esto es aun más extravagante y, por supuesto, más dañino. Este hombre - si solo fuera él sería hasta gracioso - está negando la realidad de la familia –ni tradicional, ¡ni leches!, la familia natural; sin adjetivos: la familia -. Está diciendo que ¡qué más da que un hijo tenga un padre y una madre!; todo eso es un detalle coyuntural y hasta anticuado.
Negar la familia no solo es ir contra la ley de Dios sino que es ir contra la ley natural. Dios es tardo a la cólera, la naturaleza, no.
Hay gente - muy católica ella - que piensan que, bueno, mientras no hagan daño a nadie, qué más da ampliar el concepto de familia a otras formas de convivencia (algunas, como la homosexual, totalmente inmorales, inicuas, desordenadas y antinaturales); que a la familia tradicional – y dale con tradicional, ¡ya se me ha pegado!, no lo vuelvo a decir, lo prometo -, en el fondo, lo que otros hagan, no le afecta. Que llamar familia a otras cosas es tan solo cuestión de una palabra, es un tema nominal. Pero esto no es así, la familia, como realidad natural y social, siempre ha estado regulada, amparada y promocionada por el estado porque es un bien para todos. Es la célula de la sociedad y anterior a esta. Intentar cambiar su definición, via legislación o creando una corriente de opinión, es dejarla desprotegida. Esto es el mayor – subrayo el mayor – ataque a la familia. Esto va a contra su esencia. Imaginemos que mañana a alguien se le ocurre decir que los refrescos de cola son sustancialmente leche, automáticamente todas las subvenciones y ventajas europeas, verbigracia, aplicables a la leche pasan a los refrescos; pero no solo las subvenciones, las mamás, creyendo que es leche, darían cola a los niños en los biberones o todos nosotros haríamos el arroz con cola. Pongan ustedes el ejemplo que quieran y respondan a esta pregunta ¿Acaso cambiar la definición de una cosa no tendrá repercusiones en ella?. Claro que los tiene y muchos. Poniendo ejemplos más serios piensen en el significado que se le daba a la palabra ciudadano en Roma, o la palabra persona en la Alemania nazi, o la palabra dios en Egipto, o la palabra esposa en los imperios mesopotámicos, o la palabra derecho en las tiranías, o la palabra “derechos humanos” en el Islam, o la palabra bruja en el medievo y un sinfín de ejemplos más y díganme si la definición de una cosa, especialmente si esta es importante, es solo cuestión de una palabrilla.
Por cierto, para mis amigos de fuera de España y que posiblemente no están al día de la actualidad, les recuerdo que en este país se ha aprobado una ley que reconoce el matrimonio homosexual con lo mismos derechos, incluido la adopción de niños, que el verdadero. ¿Tiene impacto o no cambiar las definiciones?
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Nota (*): El Sr. Zerolo es un conocido activista español de las reivindicaciones homosexuales y que ahora ocupa cargos en el partido socialista de España, actualmente en el poder de la nación.
viernes, 16 de marzo de 2007
Sobre Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres
Con esta ley se pretende lo que su nombre indica. Lo cual es por definición un craso error. Si algo es patente es que nadie somos iguales. Que la ley cree un marco en el que, poco a poco y más o menos, se mejore en la sociedad el equilibrio entre la justicia y la libertad es bueno y es su finalidad - digo más o menos porque el único que puede traernos la paz y la justicia es el Mesías. Los gobiernos de aquí se han de conformar con hacer las cosas lo mejor que se puedan -. Con este marco se progresaría en la igualdad de trato ante la justicia, la igualdad de oportunidades; en definitiva, la igualdad en cuanto personas, que es lo que somos, los hombres y la mujeres. Pero hacernos iguales, tal cual, es contrario a la naturaleza.
Oigo en Onda Cero que, entre otras razones, el gobierno se ha sentido impulsado a pergeñar este engendro porque, según no se qué encuesta, un porcentaje abrumador de mujeres – no me acuerdo exactamente cuál - piensan que la maternidad es un obstáculo para su carrera profesional. Y yo me pregunto, ninguna mujer piensa que su trabajo sea el obstáculo para su maternidad.
Francamente en este mundo impío el único dios es el trabajo, al cual le ofrecemos toda nuestra vida. En vez de que el trabajo sea un medio para ganarnos la vida, este se ha convertido en nuestro proyecto vital. No niego que nuestros quehaceres sean algo importante en la vida del hombre y lo desarrolle como persona ya que con ellos colabora con el Creador en su obra. Pero siempre entendido desde un punto de vista amplio no como el mero desarrollo profesional, porque en el devenir de los hombres, los hijos es su principal misión.
Pero volviendo a la igualdad: ¿cómo uniformamos la maternidad y la paternidad?. Porque son palmariamente desiguales. Para advertir la diferencia de la maternidad y la paternidad no hay más que mirar la historia de la humanidad desde que tenemos conciencia u observar al reino animal, no dicen que no somos más que una especie, evolucionada por el azar, de ellos. De todas formas como los “progres” no se arredran por nada me temo que en cualquier momento mandarán a sus mesnadas a educar a los animalitos para que se comporten como “Dios manda”; de modo que los gallos empollen los huevos de las gallinas, los leones cuiden los cachorrillos y los toros enseñen a andar a los novillos. Ya se sabe como son las cosas, la naturaleza debe obedecer al ideal “progre”. Con el matrimonio homosexual estamos teniendo éxito, ya se ha encontrado un especie de lepidóptero, dos de mamíferos, cinco de aves y diez de anfibios que son bujarrones, aunque solo en ciertas circunstancias. ¡Qué no caigan en el desánimo!.
Alguien dijo que un matrimonio donde el hombre es un calavera, no irá bien; pero si es la mujer la que es un desastre, ese matrimonio no tiene remedio. Claramente la cultura de la muerte va a por la mujer, seduciéndola con cuentos chinos.

