miércoles, 30 de septiembre de 2009

No me gustan las razones de los que están contra el aborto

Todavía recuerdo con regusto amargo el día que asistí con mi familia a la última gran manifestación en defensa de la vida en la plaza Neptuno de Madrid. En ella se repitió el famoso argumento de que las mujeres eran las primeras víctimas del aborto.

Estos días vuelvo a oír algo parecido; a saber, que la píldora llamada del día después es un chute de hormonas con efectos no predecibles sobre las jóvenes que las consuman y que además por la juventud de su potencial clientela es muy probable que la consuman más de la cuenta. En consecuencia, deberían ser administradas bajo prescripción médica.

Que estos argumentos sean defendidos por la derecha, no me extraña, ya que no tienen ninguna convicción ni ideal - hablo del PP y aledaños – pero que esto venga de católicos pertenecientes a los sectores más ortodoxos de la Iglesia, me pasma.

Una vez más las cosas se confunden. La píldora del día después es un invento maligno porque se trata de un arma química para matar, para abortar: o ha habido fecundación y su efecto es la muerte del nuevo ser humano evitando que el embrión anide o no hace nada; bueno, provocar alguna anomalía con la ovulación. Es como una macabra ruleta: hay niño, lo mato; no hay, buena suerte, para el niño, claro. Es como si cojo una pistola y disparo a ciegas en el aula de un colegio.

Yendo al tema, las mujeres que practican el aborto no son las víctimas sino las principales culpables de un asesinato. Son más culpables que los médicos, la sociedad y sus conocidos. Más culpables porque son las que deciden, las que previamente demandan este falso derecho y peor de todo porque asesinan no a un desconocido sin a su propio hijo. Ahora si las consideramos víctimas porque sufren las consecuencias de un pecado mortal que las mata el alma y las acerca a la locura, estoy de acuerdo. Pero lo mismo podríamos decir de los violadores, lo que han asesinado a su esposa y un largo etcétera. Todos ellos sufren las consecuencias de sus pecados, tanto que algunos no lo soportan y se suicidan. En este sentido son víctimas, dignas de lástima y de nuestra compasión. Sin embargo, nadie dice que son víctimas, son culpables.

Por supuesto que reconozco que existen mujeres que son forzadas, en mayor o menor medida, a perpetrar un aborto, como lo podemos también admitir de cualquier otra persona, hombre y mujer, que cometa otra tropelía porque su voluntad ha sido violentada. En función de las circunstancias existen, en mayor o menor grado, atenuantes.

Para terminar apuntaré que mientras los defensores del aborto, casi siempre desde los sectores de la izquierda, preguntan asiduamente a los detractores del aborto que aporten soluciones a la cantidad de abortos que se producen al año, estos últimos, mojigatos ellos, suelen recomendar las subvenciones – ¡siempre a por el dinero ajeno! – a las organizaciones de defensa de las madres solteras, etc. Es ridículo. Yo propongo algo nuevo: lo mismo que están haciendo con la “violencia de género” – uso el término entrecomillado aposta, pero esto es para otro día -, recrudecer las penas de cárcel para los culpables (en este caso no sería recrudecer sino restablecer), empezando por las más culpables.

viernes, 4 de enero de 2008

Que los cristianos actúen como ellos estimen pero que dejen a los demás comportarse de acuerdo a lo que consideran correcto

El axioma del título, ¿les parece adecuado?. No me nieguen que no es políticamente correcto. Seguramente así piensen muchos católicos de pro e incluso alguno de mis lectores hasta que, espero, hayan terminado de leer este artículo.

Cuando ojeé el comentario que dejó Maldoror sobre mi anterior entrada se me encendió la luz y pensé acerca de la utilidad de escribir algo que ayudara a clarificar las muchas dudas de tanta gente de buena fe que por falta de instrucción o por la titánica influencia que la cultura de la muerte ejerce sobre las personas echan de menos los argumentos que corroboren lo que su conciencia, intuición, educación y buen sentido les asegura. Además, me dije a mí mismo, visto el perfil de este señor, que tal vez estuviera ante una de esas rara avis, tan escasa entre los católicos y casi inexistente fuera de ellos, que busca auténticamente algo de verdad, que sufre de esa docta ignorancia socrática que provoca la sed de conocimiento ajena de prejuicios y miedos a poner en entredicho todo lo ya conocido, y que está haciendo una pregunta anhelando una respuesta. Pero mi desilusión vino cuando contestó a nuestro amigo Embajador en el Infierno que trató de explicarle con simplicidad y muchísima profundidad – ambas suelen ir acompañadas – alguna de sus aparentes inquietudes. Su respuesta no fue el silencio reflexivo o la petición de mayores aclaraciones para comprender mejor lo que transmitimos, si no para ser amaestrado al menos para entendernos y poder conocer por mera voracidad de sabiduría algo nuevo. Pero no, ¡qué desilusión!. Otro dogmático, lleno de prejuicios. Otro que pregunta y pregunta pero como mera retórica sin esperar aprendizaje ni siquiera dialogo. Qué fiasco al descubrir que a la respuesta del Embajador en el Infierno le contesta con otra pregunta pero de índole diversa. Y para más inri el tópico sofista de con “qué autoridad”. Qué pena, una persona que parecía letrada. Efectivamente, es perder el tiempo dialogando así. Cada vez que a Jesucristo le hacen una pregunta del tipo con qué autoridad, quién te crees, etc. Siempre contestó de la misma forma. No hay otra.

A pesar de todo, podemos salvar las primeras preguntas de Maldoror por su utilidad para construir este artículo ya que son las mismas que esas personas de buena voluntad, que hemos mencionado, se están haciendo en medio de sus vacilaciones.

Comencemos. Interpelaba nuestro frustrado académico lo siguiente: “¿Cuando hablan de que medidas como el divorcio express o el matrimonio homosexual "atentan contra la familia cristiana", a que se refieren? Exactamente como que dos homosexuales puedan casarse o que la gente en general tenga el derecho a divorciarse afecta su "familia cristiana"? ¿Los estan obligando a divorciarse? ¿Los estan obligarse a volverse homosexuales o están dando el derecho a casarse solo a los homosexuales?”

Hablemos del matrimonio homosexual. Con respecto a la primera cuestión, aparentemente correcta, la cual afirma que extender el concepto de matrimonio a otras realidades no va en detrimento del que tenemos los cristianos u otros que piensan como nosotros, ya que esto no es ni mucho menos una cuestión religiosa, puesto que podremos seguir haciéndolo sin que en nada nos afecte dicha ampliación, digo que es absolutamente errónea. El mayor ataque que puede recibir cualquier ser es ir contra su sustancia. Pongo un ejemplo que ya he usado otras veces: ¿saben la mejor forma de cargarse todo el apoyo social a los minusválidos? – espero no ofender a nadie con la palabra pero es que no conozco el último eufemismo políticamente correcto para referirme a esa realidad, aclaro que es así como nombramos esta situación entre los que la sufren y me son próximos y queridos; pero, claro, ellos son inteligentes y no progres…-, repito, ¿saben cómo?. Se lo digo yo, lo más eficaz y sin que nadie pueda protestar es ampliar el concepto de minusvalía a cualquier problemilla. Así el que tiene la ceja torcida percibirá la misma ayuda que el tetrapléjico. ¿Absurdo?, ¿no?. Cambia la definición de lo que se pretende proteger y lo dejarás absolutamente desprotegido. Esto es aplicable a cualquier cosa: al arte, a los productos distintivos de un país, a los cargos de una empresa. Amplia la definición de directivo, por ejemplo, y has dejado de serlo. Como a alguien se le ocurra calificar la limonada como vino de solera me río yo de los consejos reguladores de la calidad. Haz más flexible el concepto de arte y la partida presupuestaria que percibiría una gran pinacoteca para sus proyectos se lo llevarán los graffiteros. Y, me pregunto, afecta o no a los que van en silla de ruedas, directores, bodegueros y expertos en pintura barroca. ¿Protestarán? o algún mentecato les dirá: si nadie os impide que sigáis haciendo lo que hacéis, ¿de qué os quejáis?. Fíjense qué no será la gravedad de hacer este cambio de definición con la institución más importante de la sociedad, puesto que es la célula de ella, y que, en consecuencia, debe protegerse y promocionarse y todo lo que se haga por ella es poco. No solo económicamente sino moralmente, con reconocimiento social, con facilidades, con apoyo psicológico, con oportunidades singulares, etc. Si resulta que una familia con sus abuelos y sus muchos hijos valen lo mismo legalmente que dos amiguitos que viven juntos, ya me dirán.

Sobre la segunda cuestión de que nadie nos obliga a ser homosexual, sin entrar en la calificación de esta tendencia que ya he tratado ampliamente en esta bitácora y que continuaremos dada la beligerancia de los activistas gay, diré que tampoco esto es cierto del todo. Es verdad que de lo que voy hablar ahora es un asunto muy sutil pero se da. Me refiero al efecto pedagógico y moralizante que toda nueva ley trae consigo. La gente normal tiende a pensar subliminalmente que si algo es legal es bueno. En consecuencia, los frutos, especialmente en los adolescentes en los cuales la personalidad, incluido el equilibrio sexual, está por desarrollar, este mensaje es letal. Por tanto, una ley de este tipo acarrea un efecto proselitista. Concluyendo, si no nos obliga a ser homosexuales, al menos, induce y posibilita.

Aclaro, existe la posibilidad de dejar de ser homosexual, no viene a cuento, pero como no se oye mucho y yo soy testigo de varios casos muy cercanos lo repito por si ayuda a alguien.

Con el divorcio express es más fácil argumentar. Ya el divorcio en sí es un ataque a la esencia de la familia ya que esta por su raíz no tiene fecha de caducidad. Si existe la posibilidad del divorcio de los padres la familia se debilita en sus cimientos. Esto es tan obvio que los prejuicios no nos lo dejan ver. Es como los huevos fritos con patatas que solo nos damos cuenta que existían cuando estamos seis meses en el exilio y es de la única comida que nos acordamos. Pongo un ejemplo: Que les parecería que la legislación de un país permitiera que los socios de una empresa tuvieran la arbitrariedad de disolver la sociedad sin atender con ninguno de los compromisos con sus empleados, proveedores y clientes; bueno, ninguno, no, pactando unas indemnizaciones. Esta claro que nadie viviría seguro en un lugar así. Al contrario lo que se desea son compañías fuertes y duraderas que den seguridad a sus empleados, clientes, accionistas y sociedad. Es más lo que esperamos de la legislación es que premie la durabilidad y penalice la temporalidad. Y no digamos si hablamos de entidades de inversión, donde confiamos nuestros ahorros -¡quien los tenga!- . Esto que está claro con el tema empresarial, vamos con el dinerito, lo ponemos en tela de juicio con algo muchísimo más valioso como es la familia. Bueno pues el divorcio express es acentuar esto hasta lo ridículo. En el caso de la empresa, que en 24 horas le dices a todo el mundo que a su casa, ¡que esto se ha acabado chicos!. Cuando se abarata el coste de terminación de un compromiso lo que se hace es minusvalorar el propio compromiso. Tal es así que llega un momento en que la diferencia entre estar casado o no desaparece, ergo, dinamitamos el concepto de matrimonio y por ende el de familia. Le damos un marco de inestabilidad propicio para la irresponsabilidad y para la irreflexión tan enemigo del amor verdadero, que es la esencia de la familia.

La familia es el lugar donde se nos quiere por lo que somos y no por lo que valemos y esto, especialmente en los jóvenes, es lo que nos ayuda a crecer como personas. Si esto puede acabar, es una mentira, un fraude. El amor no existe. Esa es la razón de tanta depresión y suicidio. Pero este amor del que hablamos no es un enamoramiento compulsivo sino el amor duradero. Aclararé para la ignorancia generalizada que el enamoramiento y la pasión inicial se acaban, hasta aquí algunos llegan por eso concluyen que la solución es el cambio de ahí el divorcio, lo que no sabe la gente es que vuelven, pero en el marco de un matrimonio donde la constante es el amor, con subidas y bajadas, con perdón y con cien mil sinsabores vividos juntos.

Para finalizar voy al axioma inicial. Lo que en el fondo nos pasa, influenciados por la presión ambiental, es que pensamos que cada cual haga lo que crea y no nos metamos en la vida de los demás. Esto es lo más egoísta que he oído en mi vida y se dice mucho. Que es lo que pone el comentario: si yo no me voy a divorciar qué me va a mí que lo hagan los demás, que tengan la posibilidad, perfecto. Olvidando que la ley no es potestativa sino que es de debido cumplimiento. Verbigracia: Admitiríamos que la ley de protección de maltratos a una mujer – estos ejemplos deben tener como víctima a una fémina de lo contrario pudieran interpretarse justo en sentido contrario a lo que el autor pretende – exonerara al varón que inflingiera una paliza a su mujer si a esta, por masoquismo o lo que quieran, le gustara. De ningún modo, pues ese hombre transgredió la ley. A que no valdría decir si ellos son así felices dejémoslos y cuando mate a la mujer miramos para otro lado y decimos compungidamente: una desgracia. Una ley nos afecta a todos. El mal de una persona es un mal que daña a la sociedad. Por la misma razón, no podemos decir que no importa que la legislación corrompa la esencia de la familia ya que la mía va a seguir muy bien, ¡allá lo demás!. Y, ¿nuestros hijos, qué?; y, los demás, ¿qué?, ¿nos importan, acaso, un pepino?.

Para acabar diré que el origen de estos males contra la familia, aunque se remontan a Lutero y al Iluminismo francés – ya hablaremos algún día -, tienen un enemigo muy próximo y cercano que fue la llamada liberación sexual. Vamos que todo este problema pasa por pensar con la bragueta. Y no es coña.

miércoles, 2 de enero de 2008

El PSOE tiene razón

Pido disculpas a mis lectores por el tiempo sin publicar entradas pero sobre todo lo pido por la falta de explicaciones. La razón para no mantener actualizada esta bitácora es algún cambio en mi vida laboral que me lo ha impedido y el motivo para la falta de explicaciones es mi deseo de continuar con el blog y no permitir que tras el amparo de una buena aclaración sucumbiera ante la tentación de dejarlo definitivamente. Bueno no quiero seguir por esta línea.

Resulta que los del PSOE, entre sus disparatadas e irritadas reacciones - ¡cómo me gusta verlos cabreados! - en contra de la maravillosa celebración en apoyo de la familia cristiana del domingo, han dicho algo harto sensato y que, en mi opinión, da en el centro de la diana. Resulta que le han preguntado al principal partido de la oposición que si ellos van a dar marcha atrás a todas las abyectas leyes que atacan al corazón y a la sustancia de la familia sin calificativos; la de verdad; vamos, la natural.

Por supuesto que estuve en la celebración con mi mujer, mis siete hijos y mi querida suegra. Además colaboramos en todo lo que pudimos en la propagación y organización del evento. Por falta de tiempo dejo para otro día mis comentarios; pero, en general, fantástico. Esto hay que continuarlo y sus frutos son a largo plazo. La esperanza de regeneración social no vendrá de la clase política sino de las gentes.

Voy al asunto. Cuando se plateó esta celebración sus convocantes insistieron hasta la saciedad que esta no tenía un cariz político ni en contra de nadie ni a favor de nadie. Saben lo más gordo de todo: que es verdad. Puede que los que no están en la Iglesia y no la conozcan piensen que al igual que ellos esta actúa por intereses diversos, pero propios. Claro que los cristianos pecamos e incluso la más altas personalidades de la Iglesia, pero cuando esta se mueve es por amor al hombre, esta fue la causa de la movilización: compasión ante el sufrimiento que genera la situación de abandono en que queda el hombre cuando se destruye la familia. Bien, en sus primeras reacciones el PSOE atacó a la Iglesia, pero ahora hace la pregunta clave al PP: Y, tú, ¿qué?.

Eso preguntamos todos: y tú, ¿qué?. ¿Con la familia y la vida o contra ella?. O tal vez quieres su voto para usarlo. ¡Mójate!. Esta pregunta se puede extender a algunos falsos compañeros de viaje como parte de los jefes de la cadena COPE.

Los católicos no tenemos otra afiliación que Cristo. Pero sabemos que al PSOE no lo podemos votar por ser enemigo de la verdad. Al PP tampoco, porque también lo es aunque disimule para obtener nuestro voto. Sería una oportunidad de oro para ganarse nuestro voto el contestar positivamente a la pregunta formulada. Me temo que no lo harán.

El enfado del PSOE y el silencio del PP son la prueba de que la celebración no iba ni a favor ni en contra de nadie sino que era lo que era: el testimonio, la celebración, la queja y el suspiro a favor de la familia de muchas, muchísimas personas que siguen amando al ser humano. Hay esperanza.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Yo soy objetor de conciencia contra la EpC

Desde hace algo más de un mes mi mujer y yo somos objetores de conciencia contra la ya archiconocida asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC).

Para los lectores de fuera de España – que aclaro no son pocos – reseño que se trata de una disciplina que el gobierno socialista de este país ha decidido implantar, aparentemente tal y como se hace en otras naciones del entorno, solo que, a diferencia de lo que ocurre en esos países, el contenido de la susodicha asignatura no es una simple exposición de los principios constitucionales o la descripción del funcionamiento del estado o la divulgación de los comportamientos cívicos a secas, con lo cual estaríamos desinteresadamente conformes, sino que es profundamente ideológico, tratando de adoctrinar a nuestros hijos, mezclado entre otras cosas que sí son inocuas, la concepción humana bajo la ideología de género, el relativismo, la crítica a lo genuinamente religioso y la abyecta visión sexual de los progres.

Resulta que en el proceso de enterarnos cómo hacer esta objeción hemos oído toda una serie de argumentos que apuntaban a no dar el paso desde los ambientes más críticos a ese remedo de asignatura - ¡qué no se dirá desde los otros sectores! – los cuales me gustaría denunciar por su error o pusilanimidad.

Para empezar la gente teme que en el historial académico de sus hijos quede impreso de por vida un borrón y esto es demasiado para tan caritativos padres. Además los residentes de las comunidades autónomas donde la implantación de la perniciosa materia se retrasará hasta el próximo curso, como es el caso de la de Madrid, donde vivo, piensan que es mejor plantearse este tema cuando el problema lo tengamos encima y así, con un poquito de suerte, este toro nunca llega y que otro lo lidie. Por último, en el colmo de la cobardía y también de la hipocresía, bajo mi modesto punto de vista, los más fervientes y piadosos de todos dicen: como nosotros ya llevamos a nuestros hijos a colegios religiosos ya se encargará el centro de adaptar la asignatura. No se crean que esto lo dicen con indolencia pues les consta que realmente será así; en efecto, estos colegios, lamentablemente son pocos entre los de ideario católico, harán que la asignatura se imparta de acuerdo a la mayor de las purezas doctrinales. Entre estos últimos se encuentran conocidísimos y catolicísimos sectores.

Todas están razones se caen ante una de mayor peso y es que no podemos quedarnos de brazos cruzados ante el mal que se nos viene encima a todos. Claro que hay riesgos, pero el peligro que nos cierne los demanda. Y lo más grave, los privilegiados, por la zona de residencia o por la capacidad económica de llevar a los hijos a aquellos colegios que responden a un ideario sano, no podemos mirar para otro lado medrosamente dejando que se esté metiendo en los cerebros de los niños, posiblemente de aquellas familias más débiles y desprotegidas por ser más pobres sin que cuenten con nuestra ayuda y solidaridad, este detrito ideológico. Para eso está la objeción para inundar de una ingente multitud de papelitos de estos a nuestros gobernantes y, también, a la insípida oposición, mostrando así cuál es nuestra postura y que no vamos a permitir sin luchar que traten de subvertir a nuestros hijos. Eso es algo a lo que son sensibles, pues piensan en número de votos. No vale pues decir que yo no vivo en Extremadura o que mis hijos van a este u otro colegio, ya que hay chicos a los que se les está obligando a cursar la EpC sin que sus padres encuentren los apoyos para evitarlo.

Para terminar quisiera felicitar al Foro Español de la Familia por la denodada y desinteresada labor que están haciendo para defendernos de este ponzoñoso bodrio. De igual forma incluyo un enlace donde se indica cómo objetar http://www.objetamos.com/.

lunes, 19 de noviembre de 2007

¡Qué escándalo!

- ¿Sabes lo que ha dicho Watson, del dúo Watson & Crick, descubridores del ADN? – comenta uno de los compañeros de trabajo con los que compartía la mesa del almuerzo.

- No – respondo con sinceridad -.

- Dice que lo negros son menos inteligentes.

- ¡Ah!

- ¡Y se queda tan fresco!

- Ya ves – traté de concluir un tema que me aburría.

- Pero,…, hay más.

- No me digas – respondí cansinamente.

- Lo peor es que ha dicho que si supiera que iba a tener un hijo homosexual lo abortaría. ¡Es escandaloso!

Esta apostilla puso mis nervios de punta y le espeté con la mayor vehemencia que mi educación y la ocasión me permitían:

- Pues a mí no solo no me escandaliza sino que lo comprendo perfectamente.

El asombro en la mesa se palpaba a la legua.

- Sí – dije – no me miréis con esa cara. A mí lo que de verdad me escandaliza no es que se declare esto u otra cosa similar, lo que realmente me repugna hasta la náusea es que se hagan abortos con vuestro beneplácito e impuestos a niños inocentes. O sea que si se demuestra que un no nacido tendrá tendencias homosexuales es un escándalo abortarle pero si se descubre - mejor dicho, se supone con todas las reservas que se ha descubierto - que tendrá síndrome de Down tras una amniocentesis no pasa nada. ¡Eh!, os escandalizáis de un mero comentario porque se habla de gente con tendencias no naturales y os importa un pepino que sí se ejecutan en la práctica asesinatos de muchos otros niños inocentes.

El tema es tremendo. Ya lo ven. Se trata de un conflicto de intereses progres. Entre el pretendido derecho al aborto, que por mucho que lo exijan o lo aprueben nunca será un derecho porque el asesinato por muy legal que lo sea siempre será un vil crimen, y la discriminación positiva de personas que son susceptibles de pertenecer al grupo de presión gay – el más beligerante y peligroso que existe-, el resultado parece claro: ante esta tesitura parece que gana la opción segunda. ¿Curioso verdad?. La madre tiene el derecho a decidir sobre la vida de su hijo y nadie le tiene que imponer nada; ¡ah!, pero si se demuestra que el niño que le viene será cacorro, la cosa cambia.

Pues a lo mejor hemos encontrado una forma de sensibilizar a esta sociedad sobre el nefando crimen al que se le ha dado carta de naturaleza. Digamos que ante la posibilidad de que esas criaturas no nacidas pudieran tener tendencias homosexuales habría que darles la oportunidad de vivir. Ya conocemos otra pieza de la escala de valores de los progres: los derechos de los homosexuales son superiores a los derechos humanos. Por algo a mí nunca me gustó eso de los derechos humanos, siempre pensé que mis seres queridos conseguirían mayor seguridad si me dedicaba a defender los derechos de Dios.

lunes, 12 de noviembre de 2007

No hay nada después

El otro día, tras asistir al funeral de un familiar, una compañera de trabajo me dijo, tal y como reza en el título, que ella pensaba que no hay nada después, que todo termina en la tumba y, para concluir, trató de agasajarme con la conocida sentencia de «¡qué envidia!, si yo pudiera tener tu fe…». Por mi parte le contesté sin pestañear: «¿quieres tenerla?, porque yo te digo cómo». Se quedó patidifusa.

Si todo se acaba en esta vida, si la muerte es el inexorable final, ante la repugnancia por el macabro sarcasmo que la existencia supondría, me inclino a comprender perfectamente el mundo en que vivimos. Desde esa óptica el aborto, la eutanasia y el divorcio – la maldita triada de la cultura de la muerte – son de una lógica aplastante; amen del abandono de los viejos, la promiscuidad, la falta de honradez, la avaricia, el hedonismo y un largo etcétera.

Pero no, los católicos creemos en la vida eterna. Bueno, esto es incompleto, porque también lo creen las religiones e incluso aquellos que impostoramente se autodenominan cristianos como los progres y los retros. Lo que distintivamente creemos los católicos no es solo en la vida perdurable, que también, sino en la resurrección de la carne y, hete aquí algo que olvidan muchos, en el juicio, infierno o gloria.

martes, 2 de octubre de 2007

El marxismo no sólo es malo en su puesta en práctica sino que es intrínsecamente nocivo

El título expresa bien a las claras lo que voy a intentar desarrollar en esta entrada.

La verdad es que el último comentario realizado sobre el artículo que escribí hace ya meses La religión es el opio del pueblo, ¿seguro? me ha recordado una vieja creencia muy extendida, incluso entre el orbe católico, de que el marxismo es una teoría muy buena pero que o bien nunca se llevado a cabo o bien ha fallado en sus diferentes concreciones derivando en tiranías, la cual es más falsa que un moneda de madera.

Soslayaré el criticar los diferentes regímenes autodenominados comunistas o socialistas como los de la extinta URSS, Alemania oriental, Vietnam, Camboya, Albania y un largo etcétera que recorre América, África y Asia porque sus horrores son proverbiales. Me olvido también del auténtico autor de la ideología política comunista o socialista que es el amigo Vladimir Ilich Ulianov al que algún día, si encuentro la demanda oportuna, le dedicaré alguna cosilla especial. Me voy directamente a los fundamentos de la doctrina socialista que desarrollaron Marx y Engels y digo que son erróneos y peligrosos.

Reconociendo de antemano que comparto con Marx las críticas a las injusticias sociales, que siempre se han dado y que siguen vigentes, añado que en poco más puedo convenir con él. Además ni siquiera en esto, como los convencidos, que son muchos, tratan de hacernos creer, el amigo Marx tiene el monopolio. Desde la más remota antigüedad han existido muchas voces que han denunciado, sobre todo desde la esfera judeo-cristiana, acertada y aceradamente las injusticias, singularmente las perpetradas por los ricos.

Lo que sí es innegable es la sorprendentemente efectiva facultad de seducción del marxismo ya que ha convencido a la masa, especialmente a los notables, de la bondad de su doctrina. Tal ha sido esta habilidad que, a pesar de sus notorias consecuencias, el mundo sigue creyendo mayoritariamente en dicha utopía. Es verdad que han mutado sus axiomas pero su fuerza de convicción no ha menguado. Otro día entraremos en las razones de tamaña capacidad.

Desde una visión antropológica católica voy a incidir en las tres equivocaciones primordiales del socialismo.

1.- El marxismo niega la esencia del hombre porque niega las esencias, los universales y punto. Yendo al grano, ¿qué es el hombre para Marx? – sería bueno que nos hagamos esa pregunta a nosotros mismos – la respuesta es clara: materia. O sea que el hombre es poco más que una roca, una adelfa o un pato. ¡Mentira!. Este es el error primordial, que procede de otro mayor y es que Dios no es. Si el sistema parte de una idea equivocada del hombre qué podemos esperar de sus diferentes conclusiones.

No crean que esto es baladí, si aplicamos con coherencia el materialismo colegiremos, por ejemplo, la inexistencia de la ética, esta para Marx es una estupidez burguesa que no hace sino mantener o acentuar la injusticia. Sí, sí, para este señor nada está bien ni mal. Eso son tonterías.

2.- Tal y como ya escribí en su día y reproduzco textualmente: “el método marxista cambia radicalmente el foco del problema primordial y lo traslada desde el corazón del hombre a la sociedad en su conjunto. De esta forma, en vez de dedicar nuestros esfuerzos en corregirnos a nosotros mismos, aunque es seguro que no lo vamos a lograr, pero al menos adquiriremos sabiduría y trataremos de buscar una ayuda exterior, nos dedicamos a cambiar a los demás. Yo siempre me pregunté cómo las estructurales sociales han llegado a ser injustas, porque si pensamos que los hombres por naturaleza no son malos - de hecho bueno y malo son categorías no admitidas para un coherente materialista marxista - cómo demonios llegan a serlo las estructuras sociales. Además es un hecho patente que no ha existido en ningún lugar ni en ningún tiempo una comunidad humana donde no se hayan cometido crímenes e injusticias. En consecuencia, para llevar a cabo la solución marxista, que implica cambiar a la otra clase, a la sociedad; en definitiva, a los demás, se necesita odio y violencia explícita o subrepticia. Mal arreglo es eso de sanar el odio con más odio.”

Es decir, al contrario del cristianismo que pregona que el problema de la injusticia reside en el corazón del hombre cuya naturaleza herida por el pecado original le incapacita para hacer el bien y solo la gracia obtenida en la muerte y resurrección de Jesucristo nos rescata de dicha tragedia, el marxismo afirma que las injusticias están en la sociedad y esta hay que cambiarla y punto. Insisto, ¿de dónde procede que la sociedad esté mal sino es porque las personas están mal?.

3.- Para el marxismo el motor de la historia es la lucha de clases. Este sistema, aparentemente científico, de interpretar e incluso profetizar sobre la historia fue el que encandiló a tantísimos. Fíjense que para los cristianos la historia de la humanidad se mueve por el amor, el de Dios. El amor de Dios creó al hombre y su amor es el que quiere salvarlo. Para ellos la lucha, aclaro la guerra, la pelea; esto es, el odio. Lean, por favor, lean a Marx y verán como lo único que para él mueve el mundo es el odio, el conflicto. El odio para ellos, el amor para nosotros ¿qué es lo que realmente anima al mundo?

Espero haber conseguido aclarar porqué esta doctrina es perversa y si no confío al menos haber evidenciado que en nada se parece al cristianismo. Una de las falsedades que, sinceramente, más me irritan.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Sobre la justicia de los hombres

El comentario que ha hecho nacho p. a mi anterior entrada me ha abierto los ojos sobre un asunto, que como en tantos otros, existe una gran confusión dentro del mundo católico.

Me refiero al tema de la justicia. Cuando hablamos de ella el barullo que nos hacemos es de órdago ya que aplicamos los principios morales a situaciones y finalidades dispares sin discriminarlas rectamente.

Me explico. No hay normal moral más grande ni más importante que el amor. Esto es incuestionable, pero en función de la coyuntura el amor se expresará de formas distintas. También hay otro principio moral que aunque no contradice el amor si lo complementa y perfecciona y este es la justicia. Si, en esto estaremos de acuerdo, justicia sin amor sería crueldad, no es menos cierto que amor sin justicia nos conduciría al paternalismo y la lenidad.

Entraré en la casuística. La primera confusión que tenemos es pensar que la sociedad, a través del estado, debe tener el mismo comportamiento que lo individuos. ¡Nada más lejos de la realidad!. Si bien es verdad que para los individuos no solo es encomiable sino que, desde la óptica cristiana, es necesario perdonar o pasar por alto las faltas que nos infligen, para el estado esto no así. Lo digo, porque una de sus principales funciones es defendernos. Pongamos un ejemplo, si a mí mañana me atracan por la calle tengo derecho a mi legítima defensa, ¿verdad?: Sí, pero podría no defenderme y darle todo el dinero que lleve al ladrón y amarle aunque sea un enemigo, esto aunque extraño lo hacen los cristianos de verdad. No es obligatorio este comportamiento heroico pero los santos lo hacen, porque ellos siempre actúan más allá de lo moral, movidos por el amor. Pero, sin embargo, si la circunstancia cambia y mañana un cristiano santo llega a casa y se encuentra a un desalmado tratando de violar a su hijita de ocho años: ¿qué tiene que hacer?, ¿le dirá acaso: «perdónalo, hija»?: No, bajo ningún concepto. Tendrá que defenderla a costa incluso de su vida y hacerlo con eficacia, a puñetazos y si de esta forma no fuera suficiente para reducir al malhechor, con cuchillo o pistola. Todo menos dejar indefensa a su hija. Y si no lo hiciera faltaría atrozmente a su obligación. Además, no es lo mismo tu hijo que un extraño por la calle, no auxiliar a una víctima de un atraco supondría una falta de caridad pero no tan grave como la de no hacerlo con tu propio hijo pequeño con el que tienes el grave deber de defender. Lo mismo pasa con el estado y sus ciudadanos, ser indulgente le llevaría a una falta de lesa justicia para con nosotros.

Con los ejemplos mencionados vemos con más claridad como la recta moral nos aconseja a actuar de forma distintas en función de las circunstancias y de los sujetos que las protagonizan. Por tanto, continuando con el comienzo de esta entrada, esperar que el estado tenga una forma de comportarse llamémosla cristiana como si de un individuo y frente a sí mismo se tratara es un error muy común entre los católicos.

Concluyendo, en mi anterior entrada defendía la superioridad de la finalidad punitiva y compensatoria sobre la de la reinserción para la justicia. Parece que hay gente que aduciendo razones de índole de fe rechaza tal aserto ya que piensan - hay mucho sensible, aunque generalmenente esta sensibilidad se acentúa con la acciones de los demás y muy poco con la propias - que soy muy duro y que lo que digo no es cristiano. Bien, pondré algunos párrafos del catecismo de la Iglesia Católica para zanjar la polémica de si esto que sostengo, tanto en esta entrada como en la anterior, es o no cristiano.

2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.”

2266 La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte. Por motivos análogos quienes poseen la autoridad tienen el derecho de rechazar por medio de las armas a los agresores de la sociedad que tienen a su cargo.
Las penas tienen como primer efecto el de compensar el desorden introducido por la falta. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, tiene un valor de expiación. La pena tiene como efecto, además, preservar el orden público y la seguridad de las personas. Finalmente, tiene también un valor medicinal, puesto que debe, en la medida de lo posible, contribuir a la enmienda del culpable (cf Lc 23, 40-43).

viernes, 21 de septiembre de 2007

El ministro de justicia español Bermejo tiene razón

Don Mariano Fernández Bermejo, a la sazón ministro de justicia de España, ha afirmado, con más razón que un santo, que "cuando en un sistema democrático alguien cumple la pena que le impuso un tribunal lo que tiene que hacer es salir" y va y le llueven críticas. Aclaro que estas críticas se derivan del pequeño detalle que se está hablando de un violador que no está rehabilitado y que me temo estará deseando salir del talego para volver a las andadas.

Me parece que, especialmente desde la derecha, el despiste es monumental. El aserto del ínclito ministro es una obviedad. Me recuerda a la discusión sobre la liberación del etarra De Juana Chaos en la que al PP le ganaban dialécticamente por goleada y era un tema, al igual que este, donde el sentido común va en contra de lo que la realidad jurídica indica.

¿Cuál es el problema pues? ¿Porqué el sentido común parece contradecir a la ley jurídica?. La respuesta está – no en el viento – en la pregunta. Porque está mal la ley.

Dejémonos de zarandajas el problema es que el código penal español tiene una penas muy pequeñas porque se sustenta en un principio constitucional que es la reinserción, el cual es muy discutible. La primera razón de las penas tiene que ser la sed de justicia de una sociedad y el resarcimiento, si es posible, de la víctima. Por eso el código penal ha sido y es, eso, penal; es decir, punitivo. Lo primero es el castigo y luego, si el condenado muestra arrepentimiento, se puede tratar la reinserción pero como un añadido, muy loable, pero añadido. Es por ello que si no cambiamos este espíritu constitucional relativo a la justicia y como consecuencia de ello se aplican penas proporcionales a los delitos que incluyan entre otras, por supuesto, la cadena perpetua estaremos siempre en este dilema en el que la ley jurídica contradice al sentido común y cuando esto se mantiene en el tiempo la gente deja de creer en la justicia, en el sistema y pasa lo que pasa.

Por supuesto que esto no quiere decir que la ley no tenga resquicios para la misericordia, tales como conmutaciones o incluso condonaciones, pero solo para los que hayan demostrado muestras de un verdadero arrepentimiento y no hay mejor herramienta que ayude al arrepentimiento como un buen castigo. Sobre este particular estoy persuadido de que un gran porcentaje de los condenados a la pena capital están en el cielo ya que tuvieron una gran oportunidad de atrición.

Volviendo al caso que nos ocupa es más que significativo enfatizar que este hombre fue acusado de violar a 16 mujeres - conviene aclarar que 16 es el número de los casos que se han podido demostrar -, motivo por el cual tuvo una sentencia de 310 años. Teniendo en cuenta que el código penal limita a 30 el número máximo de años que uno permanece en prisión en España y que, para más inri, los beneficios penitenciarios, o sea, los años de descuento sobre la pena se contabilizan a partir de esos 30 en vez de desde la condena, el tipejo este ya ha cumplido su condena; sí, cumplido, y va a ser libre. Total, 16 de cárcel por 16 violaciones: a año por violación. ¡Ah!, las razones para la espléndida rebaja de 14 años de cárcel son el haber aprendido yoga y defensa personal – ¡que se preparen las mujeres con las que se encuentre este desalmado a partir de ahora! -. Por cierto, de su intención a reincidir no se si será un juicio de valor o si el hecho de que durante sus fines de semana de tercer grado – para la gente de fuera de España les aclararé que aquí los delincuentes, incluso lo más peligros, tiene a partir de cierto momento fines de semana de vacaciones – cometiera varias de sus violaciones represente algún indicio de peso.

El problema no es que el juez interprete no se de qué manera la ley, ni que busquemos ridículos delitos nuevos, ni otras pintorescas salidas para prolongar la estancia en prisión de este y otros maleantes. No nos perdamos por las ramas y vayamos al fondo: hay que cambiar la ley. Pero a esto no están los políticos.

Y aclaro que a mí la reinserción me parece fenomenal y muy acertada pero no para la parcela de justicia porque si no desdibujamos una de las funciones básicas del Estado que es la de garantizar la seguridad de los ciudadanos y el monopolio de la justicia (para evitar las venganzas personales). Una idea podría ser la creación de un cuarto poder que tuviera como razón de ser el arreglar los corazones de la gente, el convertir a los malvados en buenas personas y a los delincuentes en honrados ciudadanos. Algo así como un mesías laico, una evangelización pública y una Iglesia secular.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Demandar a Dios

Creo que ya todo el mundo sabe, singularmente en la blogosfera católica, de la demanda judicial presentada por el senador estatal de Nebraska, Ernie Chambers.

Seguro que están pensando que voy a fustigar a este señor por su esperpento. Pero no. Fíjense, independientemente de la irreverencia y lo descabellado de la ocurrencia, pues es evidente que Dios es el bien absoluto y ningún argumento humano puede ensombrecer esta realidad y que además, por descontado, el hombre no es digno de pedir cuentas a su Creador y si lo hace jamás podría hacerle cumplir su sentencia porque la diferencia entre el Él y nosotros es infinita y nadie puede hacerle el más mínimo agravio, bajo mi humilde criterio considero que detrás de este hecho hay algo interesante. Es como si se hubiera realizado una representación teatral de algo que, en el fondo, todos pensamos; dado que todos, en especial los que están en camino de santidad, experimentamos la tentación.

Quiero advertir previamente que no se de este señor otra cosa que lo que hemos leído y por tanto desconozco las intenciones últimas de su extravagancia pero conjeturaré para lo que trato de decir.

Al realizar esta demanda este prohombre está admitiendo implícitamente dos cosas: la primera que Dios existe y la segunda que Él es causa primera de todo lo que acontece incluso de las desgracias. Una buena pregunta de fe sería esta: ¿creemos nosotros esto?

Digo que todos nos hemos planteado en nuestro fuero interno esta demanda aunque no nos hayamos atrevido a hacerla explícita y ni mucho menos judicialmente, tal vez seamos más hipócritas. Porque quién no se ha preguntado ¿si Dios existe y es infinitamente bueno porque permite cosas tan horrorosas como aquel tsunami?

Bien, la respuesta no es sencilla y que nadie piense que una triste entrada de un blog pueda servir para responder a uno de los enigmas más grandes que la humanidad tiene, que es el origen del mal.

Lo que sí pretendo es hacer pensar y remover nuestras conciencias aletargadas ya que la pobreza de las creencias religiosas de muchos de los que hacen gala de ser católicos son causa de mofa de los impíos; lo cual no solo es malo porque nos deje en mal lugar sino porque, y esto es lo importante, la única, subrayo la única, misión de los cristianos es ser luz gracias a nuestro testimonio – las obras, vaya – provocando que los no creyentes cautivados por nuestra forma de vida deseen, en mayor o menor medida, acercarse a Jesucristo para que, de esta forma, Él los pueda salvar. En efecto, con un pírrico bagaje espiritual mal podremos realizar esta misión.

Por tanto no nos podemos permitir el lujo de eludir estas preguntas y tratar de revisar qué es lo que realmente respondemos y creemos porque muy probablemente estemos muy lejos de lo que la Santa Madre Iglesia nos enseña. Es imprescindible reflexionar sobre el mal, acerca de su esencia y de su origen, en todas sus modalidades: el pecado del hombre y su formas más crueles y retorcidas de perversión, el misterio de iniquidad (que es previo a la caída de Adán y Eva), la enfermedad y la muerte y, probablemente lo más desconcertante, el mal sin causa aparente como es el caso del sufrimiento de los niños, las catástrofes naturales o el dolor en sí.

Puede que demos respuestas del tipo de: Dios no se mete en eso, es propio de la naturaleza, es fruto de la maldad o la debilidad humana, la mala suerte o el azar o simplemente que no sabemos.

Creo que la mayor parte de las respuestas que he propuesto no son solo insuficientes sino que además son falsas. Fundamentalmente digo esto porque estoy persuadido que no escapan al control del Todopoderoso y su plan ningún acontecimiento por muy malo que a priori nos parezca. Y si pensamos un poco acerca de esto puede que muchas de nuestras convicciones más íntimas se tambaleen y, si nos armamos de valor, puede que entremos en un nuevo espacio caracterizado por el vértigo, la inmensidad sin límites y la sorpresa; en definitiva, en el Misterio; en la Fe. No piensen que hablo con suficiencia y frialdad, yo he experimentado muy cercanamente la mordedura del sufrimiento y la dimensión que este puede alcanzar desde la fe, pero esto no viene al caso ya que este es un blog fundamentalmente de pensamiento y opinión; no lo es de testimonios personales que tienen otro ámbito; tan solo hago esta apostilla para evitar los típicos prejuicios que surgen cuando se tratan los grandes temas; es decir, los importantes.

Lamentablemente no es suficiente con hablar de la bondad de Dios y ni mucho menos creer que el hombre es bueno por naturaleza (un neo-pelagianismo muy extendido) porque podríamos quedar fuera de la realidad - y Dios es muy real -, incluso, podríamos acabar, en el peor de los casos, como los curas progres, tocando la guitarra y diciendo la vida es bella y Dios te quiere de una manera fatua, mientras la gente sufriendo nos mirara con compasión. ¡Claro que Dios es amor!, es la única verdad, pero esta es tan cierta que abarca toda la realidad hasta la más negra y dolorosa.

Lo dejaré aquí. Espero que esto sirva como de incentivo para que los lectores que se sientan interpelados escudriñen el magisterio y sobre todo aumenten su piedad – fundamentalmente los sacramentos y la oración -.

Me permito sugerir algunas lecturas que pueden ayudar a buscar las respuestas: Del AT, El libro de Job (acompañado de algún libro de comentarios escrito por algún santo); del NT, Jn 9 (en especial del 1 al 4) y del magisterio, la carta apostólica Salvici Doloris de Juan Pablo II.

martes, 18 de septiembre de 2007

Que alguien me ayude

El Periodista Digital, como siempre en su línea de buscar cualquier noticia que favorezca a la Iglesia, aunque en este caso hable de los anglicanos, nos regala la siguiente noticia: Misa para curas gays y parejas.

Y yo me pregunto: ¿qué credenciales habrá que presentar para dicha ceremonia?, ¿se les practicará a los invitados un análisis forense a fondo para verificar que cumplen con los requisitos para el acceso? o ¿tendrán que realizar una demostración previa que los acredite?.

Por favor ayudenme a salir de esta duda.

Tal vez el Embajador en el Infierno con su conocimiento directo en la materia - la cultura británica, aclaro - pueda darnos luz en este asunto.

Por cierto, la foto del arzobispo no tiene desperdicio.

lunes, 17 de septiembre de 2007

La definición de hombre es la de animal moral

El autor de la erudita y más que recomendable bitácora Es justo y necesario lanzó el reto de demostrar la posibilidad de una moral sin Dios. En la entrada Otra ética ¿es posible?, que aunque es un poco larga – yo también tengo ese pecadillo – no tiene desperdicio, destripa el artículo de un pardillo autodenominado ateo que aceptó el desafío.

Y digo pardillo porque la última frase de la mencionada entrada “Sin Dios no hay moral” es, tal y como le plasmé en un comentario, impepinable. Es una vieja discusión en la que los ilusos ateos y los majaderos agnósticos han tratado de buscar todo tipo de pintorescos principios para sustentar lo insostenible que es mantener que sin Dios puede haber algún atisbo de moral; es decir, encontrar un principio para normalizar qué actos son buenos y cuáles son malos. Por tanto el autor del blog jugaba con ventaja pero él no es un tramposo ya que su reto no era real, pues sabía que estaba ganado de antemano, sino un acicate, una original fórmula retórica, para hacer pensar al rebaño adormecido.

Sí, ya se que se han dicho muchas cosas para negar lo que estoy sosteniendo. En el colmo de la estulticia, cuando no de la desfachatez, algunos argumentan incluso – o mejor dicho rebuznan - que ésta, la moral, es relativa. ¡Manda huevos! Y se quedan tan anchos como si hubieran dicho algo importante y no una chorrada como un piano. Porque mantener que la moral es relativa no es más que una contradicción en los términos; a saber, si lo bueno y lo malo depende de cada cual entonces no existe la moral porque no hay norma y es eso precisamente lo que la moral es, unas normas. Verbigracia: ¿existiría la Ley si dependiera del criterio de cada uno?: ¡Yo pago el 5% de impuestos!, ¡yo, el 15%!; ¡yo no he robado porque ese señor era rico!, ¡ya pero yo soy rico y tengo derecho a mi propiedad!; ¡Las mujeres no votan en mi mesa electoral porque considero que no deben!, ¡pues en la mía votan los inmigrantes porque es justo socialmente!. Vaya follón, ¿no?. Si esto fuera así; esto es, que la ley jurídica fuera relativa, la conclusión sería que no existiría ley. Pues con las leyes morales ocurre lo mismo si son relativas no existen. No entender esto es de imbéciles por lo tanto no insisto más que me canso. Hasta la Biblia desaconseja enseñar a los necios.

Por otro lado, los progres – que son de un cursi y de un pedante vacuo que atufa – aseveran que una cosa es la moral y otra la ética. La moral – mantienen ellos – es para el orden privado y es relativa; la ética, por el contrario, es de la que se debe ocupar el Estado (y de ahí la EpC…). La gente normal se queda atónita, pero como somos muy pudorosos y nadie se atreve a preguntar, especialmente en este mundo dominado por el pensamiento único donde te crucifican si te significas, nos tragamos estas cosas sin anestesia y ponemos cara de boniato. Pero yo me atrevo a preguntar: pero, ¡coño!, ¿acaso no eran sinónimos ética y moral?. Y respondo: Sí. Lo que pasa es que esos ignorantes sostienen que la ética es la moral y la moral la parte de esta dedicada a lo que está debajo del ombligo y por encima de los muslos. Y ya saben que lo único que quieren los progres es fornicar sin que nadie les diga que es pecado, por eso les fastidia tanto la Iglesia. Y créanme el pensamiento actual no es mucho más complejo que el alegato de las prerrogativas de la bragueta. Volviendo al hilo: Pues no, moral y ética es lo mismo.

Por último, sobre este tema diré que mi admirado Gustavo Bueno – el de verdad, el padre – que por ser un marxista tan coherente y tan valiente dice cada día verdades como puños que asustan porque se ve la maldad a las claras del ateismo. Pues este filósofo afirma que le ética (la moral) es mentira, es simplemente el arma de defensa de los débiles contra los fuertes. Y es verdad. Si Dios no existe eso es vedad. Si Dios no existe esto es una jungla sin sentido donde hemos de sobrevivir como en Mad Max. Veo que como siga así de genuino, el amigo Bueno, se va a convertir al cristianismo. Porque siendo auténtico con la Verdad aunque se vaya por un camino equivocado la Verdad se hace la encontradiza; pero con lo progres es imposible porque no juzgan sino que prejuzgan y someten todo a su dogma y cuando ven que su razonamiento está equivocado sacan el sentimentalismo y cuando no pueden más la chanza.

Lo que quiero decir es que yo respeto la hidalguía de los que dicen que Dios no existe y por tanto no existe ningún principio moral y que tan solo podremos alcanzar alguna convención perecedera para subsistir e ir tirando y que, en consecuencia, la existencia del hombre es una fatalidad trágica cuyo destino es terrible. Tal pensamiento será vertiginoso pero es intelectualmente admisible. Ahora los mediocres que defienden que la moral es relativa o que está fundamentada en el consenso asambleario o que es el fruto de la evolución como especie – esta teoría de Darwin hace las delicias de los progres más leídos – me producen hilaridad. Por supuesto, hay también otra posibilidad, que es la que sostengo: que Dios existe y que por tanto de sus derechos como Creador, o lo que es más como El Ser, se derivan lo deberes de sus criaturas.

Nuestro amigo de Es justo y necesario afirma también con buen criterio que el hecho de que sin Dios no hay moral no implica que los no creyentes o los ateos no sean morales. Yo digo más aún: que tampoco conlleva necesariamente que los creyentes lo sean. La moral está inscrita por nuestro Creador en nuestras células y es la conciencia la encargada de hacérnoslo saber. Todo hombre aunque no sea piadoso escucha de algún modo la voz de Dios; en efecto, el hombre intuye – muchas veces es la forma más segura de conocimiento- la bondad, la verdad, la belleza y por el contrario la maldad, la mentira y la fealdad. Es curioso cada vez que hablo con alguien que dice no creer en Dios y le pregunto sobre su criterios morales acaba haciendo alguna referencia, aunque sea remota, a los principios religiosos de sus padres, de la sociedad, del colegio, etc.. Por otro lado hay gente aparentemente muy piadosa pero que realmente sus actos no lo son, esto es debido a una enfermedad de la religión denominada fariseísmo. En consecuencia, el hecho de que los ateos en particular y los no creyentes en general actúen honradamente no demuestra que pueda haber moral sin Dios.

Hay una cosa más que quiero constatar y es que para que exista la moral no solo es necesario que exista Dios sino que tiene que haber seres libres. Solo si se es libre puede haber actos buenos o malos. Los toros no hacen actos moralmente calificables. Ellos actúan tal y como Dios le han mandado hacer, y su voluntad está circunscrita a su instinto que heredan genéticamente. Pero el hombre (o los ángeles, pero hoy no toca, que no acabo entonces) es libre y está facultado para realizar actos volitivos. Pero, ahí va esa – a los cretinos les va a costar porque lo obvio les cuesta – la materia no puede ser libre, tan solo el espíritu puede ser sujeto de tal facultad. La materia está regida por unas leyes, las cuales son el objeto de estudio de la ciencia, que son indefectibles. Una roca no puede decidir si estar sometida a la gravedad o no. Otro ejemplo más ilustrativo: un sistema de inteligencia artificial puede aprender, razonar, argumentar pero no puede decidir, siempre tiene que ser en base a una experiencia acumulada que lo hace predecible, complejo tal vez, pero predecible. Sin embargo el hecho de que yo continúe esta frase o la interrumpa para dar un beso a mis hijos, que los estoy oyendo, depende absolutamente de mi voluntad. Aunque la química de mi cuerpo me condicione, pues tengo sed, a seguir o continuar escribiendo yo puedo decidir libérrimamente levantarme a beber un vaso de agua o seguir; esta decisión no puede ser tomada por ninguna complicada matriz de neuronas y corrientes eléctricas en frenética actividad cerebral, porque su resultado sería predecible, el mío no. Estos actos no son de la materia son del espíritu. En efecto, sin alma no hay voluntad y consecuentemente no hay libertad. Por tanto, si admitimos que existe la moral inferiremos que Dios existe y que el hombre tiene alma. Por cierto terminé el párrafo y ahora me voy a beber un vaso de agua.

Ya he subido, pero no me tomé el vaso de agua, directamente merendé. Tampoco les he dado un beso a mis hijos, lo haré cuando acabe la entrada, o no.

Por todo ello, para mí, el hombre se define más que como una animal racional, que por supuesto lo es, como un animal moral; esto es libre para actuar de acuerdo al bien que procede de su Creador o al mal. Y tan fuerte es esto que el mismo Dios se resigna a nuestra propia condenación, la cual, por el amor tan grande que nos tiene le duele tanto, hablando en categorías humanas, que la sangre de su Hijo ha sido derramada para evitarnosla, antes que restringir mínimamente nuestro libre albedrío.

Por supuesto el admitir, como hemos dicho, que si existe la moral inferiremos pues que Dios existe y que el hombre tiene alma, no comporta racionalmente que ese sea el Dios de Jesucristo ni que el alma sea inmortal ni todo el resto de la Revelación. Todo esto se conoce por la fe. Por tanto para la certeza de la existencia de Dios no hace falta la fe, es un preámbulo de la fe - lo decía santo Tomás de Aquino – se puede llegar a este conocimiento por la razón a través de diversas vías y aquí estamos jugando con una de ellas aunque no tomista. No lo hemos demostrado, porque no es el objetivo de este artículo, pero la hemos condicionado a la existencia de la norma moral. La fe es otra cosa, pero esto – como decía Aznar – hoy no toca.

Yo quiero dar un paso más en este reto que ha lanzado nuestro compañero de la blogosfera católica y es el siguiente: Afirmo que si Dios no existe y aceptamos los mentecatos axiomas del relativismo concluiríamos que ningún conocimiento cierto sería posible, ni tan siquiera de la ciencia positiva y, es más, tampoco sería posible y carecería de sentido el diálogo – palabra que tanto manosean los progres como ZP –. En definitiva, de nada serviría, por tanto, el esfuerzo de las ciencias: biología, economía, sociología, química, etc. . Es más, tampoco haría falta que los que defienden lo contrario me rebatieran porque lo suyo tampoco sería cierto, al menos para mí. Entiendo que para la narcotizada sociedad actual, que solo piensa con el sentimentalismo o con lo venéreo, admitir esto sea difícil. El relativismo solo tiene una alternativa que es el puritanismo; es decir, unas normas externas, que tengan o no mucho sentido, definidas por el Estado e impuestas por la fuerza y la coerción, que nos permitan sobrevivir sin devorarnos mutuamente. Al que se le pilla sin cumplirlas se le hunde socialmente y al que no, se le admirará por cualquiera de sus bienes o dotes más superficiales, y por supuesto tratará de aparentar que las cumple aunque en el fondo tampoco lo hará. Piensen si no en la ecología, el tema del tráfico, el fumar, la fiscalidad y un largo etcétera.

Prometo que las próximas entradas serán menos largas y de otro temas que los filosóficos pero es que el bloggero Es justo y necesario me ha provocado. Por supuesto que de vez en cuando dedicaremos alguna a la Metafísica, que no es que me guste, es que pienso que es el conocimiento más práctico. Y no se crean que soy filósofo aunque tengo buenos amigos que lo son y me ayudan en mi aficionado aprendizaje, tampoco, como mis “disculpados” creen, soy teólogo. ¡Qué lejos de mi especialidad!. Pero lo mejor de tener un blog es poder hablar sin tener que contar muchas cosas de uno mismo que, por cierto, son irrelevantes.

jueves, 13 de septiembre de 2007

La pornografía

Tengo un amigo muy querido que cada vez que le comento que el origen de esta nueva ola de males que azotan al ser humano es la aceptación social del divorcio me dice, con buen criterio, que sí pero no; que antes vino la pornografía. Y es verdad.

Digo nuevo ola porque males y pecados han existido en todas las épocas y los habrá hasta el final de los tiempos. Por supuesto, me refiero a esta situación, ya no de inmoralidad sino más bien de odio a la vida y, en consecuencia, a la familia, que nos ha tocado en suerte vivir.

A pesar de lo que nuestros inicuos políticos socialistas arguyen y nuestros vacuos políticos de centro-derecha – ¡y reformistas! - otorgan, el divorcio desencadenó, ya que atacó la raíz de la familia que es el matrimonio – el de verdad no confundir con sus caricaturas -, toda una serie de desastres que nos han conducido a la aceptación, cuando no al enorgullecimiento, de las conocidas calamidades del aborto, crisis familiar, abandono de los mayores, eutanasia y, de momento por último, el mal llamado matrimonio de una pareja del mismo sexo.

Pero mi amigo tiene razón: la pornografía. Que poco caso hacemos a este tema. Nos conformamos con que bajo el pretexto de la libertad de expresión lo que hay que hacer es regularla. Si la ponen en horario no infantil; es decir, muy de noche y sobre todo si la emiten en canales privados de pago: ya está, todos contentos. ¡Pues no!.

Evitaré entrar en muchos detalles, pues quien quiere entender lo hace y quien está de mala intención no lo va a hacer nunca.

Para empezar la pornografía inflige un daño horroroso a quien la ve. Automáticamente provoca la cosificación de la mujer – no me discutan, por favor, el 95% de esta basura está orientada a los varones, ya hablaremos en otro momento de una obviedad que se pretende negar como es que la sexualidad del hombre y de la mujer son diferentes aunque tengan, por supuesto, muchos elementos comunes –; por tanto, endurece el corazón y lo anquilosa para amar. Introduce una inquietud y un deseo ineluctable de utilizar para el placer el sexo, destruyendo, de esta forma, su valor intrínseco que es la donación. Produce adicción, lo que incuestionablemente merma la libertad del individuo. Y, por si fuera esto poco, lo más oneroso es que los efectos son a largo plazo; sí todas esas imágenes quedan impresas en la memoria – cualquier aprendiz de psicólogo sabe que la memoria funciona mejor con imágenes – y aunque la persona que ha caído en este vicio consiga rehabilitarse tras mucho esfuerzo y tiempo, porque no es ni mucho menos fácil la cura, esas escenas visionadas continuarán regurgitándose desde el inconsciente repitiéndose sus malignos efectos. Por consiguiente, al ya largo tiempo del tratamiento habrá que sumar el de la convalecencia. Por supuesto que de esta patología se derivan otros pecados mayores. Ni que decir tiene los perniciosos efectos para el amor conyugal; en efecto, provoca el enfriamiento paulatino del amor verdadero. Y qué hablar de los hombres con poca madurez psicológica, solitarios y sin posibilidad de desahogo, las consecuencias son funestas.

Para continuar la pornografía hace daño a los actores que se degradan, dudo yo que siempre voluntariamente ya que detrás hay mucha droga, a la indignidad de esclavos, profanando sus cuerpos que han sido creados para la expresión y la comunicación de toda la vida interior, fundamentalmente el amor, al fango de revolcarse para espectáculo de otros que arden mirándolos.

Para terminar la pornografía hace daño al que la produce, que como un avaro proxeneta, haciendo el papel del Tentador, induce al mal a los actores y a los espectadores.

Lo más lamentable es la facilidad de acceder a ella, cosa que está dañando incluso a gentes que tratan de llevar una vida recta, ya que la facilidad de caer en la trampa de la tela de araña de la pornografía es muy grande pero la posibilidad de desenredarse es cada vez más difícil.

Lo tremendo es que la pornografía en mayor o menor medida está hasta en la sopa: anuncios, series aparentemente inocuas, programas infantiles, etc. ¿Cómo una sociedad puede absorber toda esa cantidad energía perversa? o tal vez se la quiera tener distraída ahí, porque esclavizar una sociedad con las titánicas cadenas de la libido debe ser sin duda eficaz, ¿no?.

Mi sugerencia es prohibir la pornografía: ¿a quién beneficia mantenerla? y ¿a cuántos beneficia el eliminarla?.

A este respecto recomiendo sobre todo a los americanos la lectura de Apostolado católico en EEUU ayuda a superar adicción a la pornografía del maravilloso blog Vivicar. Por cierto la vida de Santa María Goretti y la de su asesino Alessandro Serenelli son interesantísimas. Ella es una de mis santos favoritos y, es más, yo diría que su historia es uno de los mejores ejemplos, bien sencillito, para entender qué es el cristianismo y en qué se diferencia del maremágnum de religiones.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Aquí estoy de nuevo

¡Da mucha pereza arrancar de nuevo una tarea que llevamos abandona durante un tiempo largo!, ¿verdad?; aunque esta sea una labor tan placentera para mí como es hacer este blog. Todo reencuentro es difícil, mucho más que los comienzos. ¿De qué puedo escribir?. A uno, que entre otras cosas aun peores es vanidoso, le parece que la primera entrada de la temporada debe ser buena, novedosa o simplemente especial. Hay lectores que la esperan y todo el mundo sabe que no hay peor cosa para cualquier autor que hacer esperar ya que esto provoca un aumento de las expectativas y por ende la probabilidad de defraudarlas. Hasta mi admirado Embajador en el Infierno, que ha tenido la deferencia de premiarme dentro de una cadena que tendré que ver cómo continuar, sospecha que me haya rajado de la blogosfera. Tendré que hacer un esfuerzo; calentar motores y…despegar. La pantalla en blanco de mi editor me desafiaba sarcásticamente como si me dijera: ¡No me mancharás!. Pero, ¡lo conseguí!, escribí mi primer párrafo: ¡He vuelto! Y es un verdadero placer estar con todos vosotros de nuevo.

Dos cosillas me gustaría comentar muy brevemente – ¡estoy empezando! – sobre la actualidad.

La primera es la idea de Chaves – presidente de la comunidad autónoma española de Andalucía - de garantizar por ley el acceso a una vivienda a un precio asequible para todos. Miren, sin entrar en un análisis desde el punto de vista de política coyuntural ni económico en profundidad, les diré que en principio este tipo de propuestas me gustan. Sí, yo que me encanta el libre mercado, como toda lo que suponga libertad para el hombre porque así nos quiso Dios y por tanto así somos por naturaleza. Quiero advertir que aunque no me etiqueto como liberal porque yo solo me identifico como cristiano (por la gracia de Dios) defiendo los postulados del libre mercado a capa y espada como si lo fuera. Lo hago así porque estoy convencido de que son los más eficientes y los más concordes con nuestra naturaleza. Pero como no hay más absoluto de nuestro señor Jesucristo tampoco la visión liberal lo es y, en consecuencia, podemos ponerla en entredicho en ciertos momentos y circunstancias. Así como defendemos, los que lo hacemos, la libertad de la persona para hacer los que quiera mas si esta hace un mal exigimos que este debe ser reparado y quien lo comete pagar proporcionalmente a su gravedad, acarreando este castigo la falta de libertad u otras consecuencias superiores, de la misma forma la libertad de mercado ha de ser sometida a la justicia y si hay un problema con el acceso de las personas a la vivienda, como la persona está por encima de las leyes, las teorías y las ideas, hay que ayudarlas a poder tener un techo. Ya, ya se perfectamente lo bueno de la ley de la libre oferta y la demanda, nadie como yo la defiende frente a los progres de tres al cuarto y los amantes de lo público y la subvención, pero el libre mercado precisa de condiciones ideales: sin monopolios, sin amenazas, sin grupos de presión y con reglas de juego comunes y no en un mundo globalizado para todo menos para los derechos de las personas. No nos engañemos, las causas del gran problema que tienen los jóvenes para acceder a una vivienda y por tanto a formar una familia serían suficientes para miles de tesis doctorales y nunca la conclusión sería que la economía controlada es mejor que el libre mercado, porque la primera es disconforme con nuestra naturaleza, pero como el pecado original existe y el hombre es malvado el Estado debe tratar de hacer justicia. Es lo mismo que para evitar los monopolios: ley al canto y nada de libertad. Los padres del liberalismo anhelaban un mundo liderado por la iniciativa de millones de pequeños empresarios y sometidos a una moral cristiana.

La segunda cosa es el tema de Fernando Alonso y la sospecha de espionaje. Por muy español que sea Alonso, yo que me califico de carpetovetónico y que me veo con pasión todas sus carreras, les digo que si ha participado de espionaje y por venganza además se ha chivado a la FIA de su equipo, la verdad, que quieren, el niño deja mucho que desear y ha cometido dos vilezas. Una cosa es denunciar el mal que uno ha visto y asumir el castigo que le corresponda y otra muy distinta es delatar a tu equipo por venganza amen de haber sido beneficiado tramposamente copiando el trabajo de otro.

miércoles, 22 de agosto de 2007

El veraneo

Sí, estoy de veraneo. Uno, que como ya saben mis lectores más asiduos, tiene una familia no pequeña, se dedica por entero en este tiempo a ella olvidándome del resto de mis obligaciones. El año es muy fatigoso y hay que emplearse con denuedo para atender todos los frentes que la vida nos depara; por ello, en vacaciones, tan solo la familia y el descanso merecido o no –me importa un bledo - copan mis jornadas. ¡Vamos que no he dejado el blog!, pero que está cerrado por vacaciones y vuelvo en septiembre.

Ahora disfruto de baños, excursiones y charlas amenas con los hijos y la mujer, buena comida y mejor bebida, encuentros con los amigos y familiares, alejados durante el año, que terminan en copiosas cenas y bohemias tertulias de sobremesa, con copa y puro, hasta altas horas de la madrugada. También, porqué no, este es un tiempo ideal para la piedad – alimentar la fe es lo único que no tiene vacaciones si cabe todo lo contrario -; además, entre mis allegados, con los que aprovechamos para coincidir en estas fechas, se encuentra algún que otro sacerdote y misionero.

Ya lo ven los católicos somos así. Nos lo pasamos pipa. El católico tiene como lema el disfrutar de la vida, nos han educado de forma muy diferente a nuestros medio errados y tristones compañeros protestantes y ni qué decir tiene la distancia que nos separa de las pesadísimas cargas de las religiones orientales. Por supuesto, nada tenemos que ver con el insoportable puritanismo progre – singularmente de los de dentro de la Iglesia – que hacen leyes de estupideces; vamos, que se puede abortar pero no se puede beber uno un whiskito (o como coño se escriba). El católico sabe que Dios es su Padre por lo que se dedica a vivir con alegría, especialmente porque la gracia nos protege del pecado, causa única del pesar, y si nuestra debilidad nos lleva a caer tenemos el sacramento de la penitencia que nos retorna a nuestro estado inicial.

Nada ya lo saben déjense de rollos y vénganse al catolicismo: merece la pena, de verdad. La vida se hace fantástica, uno se ve liberado de tantas cargas, se goza de todo, hasta el sufrimiento y la enfermedad se llevan con alegría; y, además, todo acaba bien, incluso la muerte, ya que después de esta viene otra vida aun mejor.

Bueno, nos vemos pronto, yo, por mi parte, sigo disfrutando de mi tiempo de vacaciones casi tanto como el del trabajo.

jueves, 19 de julio de 2007

Los mártires del 36

Oía el otro día en el telediario de un noticiero español que dirigentes del Partido Nacionalista Vasco (PNV) – para mis lectores de fuera de España aclaro que es un grupo político español que defiende la autodeterminación de las Vascongadas, zona de España situada al norte y que, aunque no admite el uso del terrorismo por principios, comparte con ETA varios de sus objetivos políticos – se quejaban amargamente que la Iglesia iba a canonizar de nuevo a varios mártires de la guerra civil española pero nunca incluía entre ellos a un grupo de curas afines al PNV que fueron ajusticiados por tal motivo. Por supuesto, en el mismo telediario, aparecía un socialistilla pelmazo que hablaba de no se qué cura rojillo que también murió ajusticiado en la contienda.

La verdad que me cansa tener que explicar lo obvio pero en estos tiempos de relativismo, especialmente en lo racional, la idiocia es colosal.

Vamos al tema. El mensaje sublimizar de estos es siempre el mismo: la Iglesia canoniza a los del bando nacional, franquista, golpista, de derechas o como carajo lo queramos llamar.

Miren nadie es canonizado por morir defendiendo a la derecha, a Franco o similares. Esta gente murió violentamente por ser curas, monjas, ir a misa, llevar una crucecita en el cuello, no querer blasfemar; esto es, por ser cristianos. Además todos ellos entregaron su vida al Padre negándose a apostatar y perdonando a sus verdugos.

Por si alguno no lo sabe, la persecución religiosa efectuada en España en la guerra del 36 tuvo unos extremos de crueldad máximos, pero como la izquierda domina la cultura y el cine la gente lo ha olvidado. Valga de ejemplo el de la superior Carmelita aserrada viva.

Sin embargo, todos aquellos que murieron asesinados por defender a Franco o la derecha, al comunismo o al PNV, por muy buenas personas que fueran o por muy ordenados curas que estuvieran, no son mártires. Posiblemente fueron víctimas de tremendas injusticias y merecen, por tanto, todo nuestro elogio y conmiseración. Pero no mártires, estos son los que mueren exclusivamente por Cristo. Y no hay vuelta de hoja.

No se porque a mí me da la impresión que esto lo tienen muy claro los del PNV y hasta puede que los rojillos también, pero que aprovechan cualquier excusa para atizar a la Iglesia y, de paso, a la derecha.

Bien es verdad que todos los mártires de la guerra civil española fueron matados por rojos; pero que le vamos hacer, es que fue así. Lo más sensato es que sus herederos políticos callen o si abren la boca para hablar de aquel tiempo sea para avergonzarse y desmarcarse de lo que sus antecesores políticos hicieron.

¡Ah!, sobre mártires no se pierdan lo que el magnífico blog, tanto por sus contenidos como por quién y desde dónde está escrito, In Partibus Infidelium cuenta.

martes, 17 de julio de 2007

Sobre las células madres

Perdonen esta entrada ya que es muy básica y parece decir perogrulladas pero es que este tema está sembrado de mentiras primordiales, mentiras basadas en una confusión del lenguaje construida adrede.

Un célula madre es aquella con capacidad de generar otras células madre y, por tanto, utilizando la técnica correcta, reconstruir tejidos o incluso órganos completos.

Hay dos tipos principales de células madres:

1.- Embrionarias: SON UN SER HUMANO
2.- El resto, evito la profusión, NO son seres humanos, son meras células.

Por favor absténgase de aburrirme con sus comentarios los que sostengan que un embrión no es más que un conjunto reducido de células porque entonces les repetiré que también una mujer adulta es tan solo un montón de células y creo que cualquier imbécil sabe distinguir entre su parienta y una verruga, ¡coño!.

Por tanto con las primeras NO se puede experimentar porque son personas. Son embriones.

Hay gente que dice: pero, ¡si es para curar a mi hijo o a mi madre!. Bueno, estoy dispuesto a aceptarlo si esa persona admite que también le parece bien lo que se hace en África o Sudamérica con los chicos callejeros. Coger a niños que nadie echará de menos para matarlos y sacarles todos los órganos en un hospital clandestino y salvar así las vidas de otros niños, muy queridos por sus padres, en países avanzados científicamente. Es exactamente lo mismo, sacrificar la vida de una persona que consideramos inferior, en un bonito hospital que manipula embriones, para salvar a otra que sí estimamos.

Por cierto, como la naturaleza es sabia porque tiene un Creador sabio, se revela contra sus destructores, por eso estas células no han curado a nadie hasta el momento, tan solo generan cánceres y otros graves problemas.

Las segundas, que sí han dado resultados médicos positivos, se pueden utilizar perfectamente para los fines curativos que se quieran, porque son solo células. Por supuesto, esto es lo que sostiene la Iglesia Católica; es decir, La Iglesia.

Y yo me pregunto:

- ¿Porqué entonces no se usan solo las segundas?

- ¿Porqué se dice que la Iglesia se niega a la experimentación con células madres cuando es mentira ya que solo condena experimentar con las primeras; es decir, con las personas?

viernes, 13 de julio de 2007

El escrutinio de los libros sin barbero y sin cura

La quema de libros durante el Tercer Reich se considera como uno de los hitos del totalitarismo nazi. Pues bien, muchos venimos sosteniendo que todo este mundo llamado democrático camina a marchas agigantadas hacia el totalitarismo, hacia la dictadura del relativismo; es decir, para ser más precisos, hacia un nuevo orden basado en el trípode: relativismo, hedonismo y materialismo donde no cabe la persona y cuyo exponente más propio, consecuencia necesaria de esa tripleta, es la cultura de la muerte. O lo que es lo mismo ha abandonado la senda de Dios para avanzar por el camino de los demonios. En efecto, tras esta fachada democrática que no hace sino narcotizar nuestras entendederas, la democracia es el opio del pueblo, podríamos decir, se esconde una peligrosísima tendencia que a veces muestra bien a las claras sus taimadas intenciones poniendo de manifiesto su naturaleza tiránica. Resulta que ahora en Inglaterra – si esto hacen en un país medio lúcido, ¡qué nos deparará la insensata España! – pretenden censurar por poner de relieve estereotipos racistas algunos capítulos del famoso cómic de Tintín. ¡Manda huevos! – que diría el clásico -.

No, si ahora resulta que nuestros cerebros han sido intoxicados desde niños, ¡y el de tantas generaciones anteriores también!, por la lectura de este ignominiosísimo libelo. Este Hergé merecería un castigo, ¡qué pena que esté muerto!.

Pero,…¡oye tú!, si vamos a censurar a los que escriben de estereotipos raciales, porqué no también a los que son misóginos u homófonos o a los clasistas, etc. Nada, nos hemos cargado, al menos en España, la mayor parte de los libros, empezando por los de Cervantes y Quevedo y terminando en los de Jardiel Poncela y Cela – me ha salido un pareado -. Y del resto del mundo nos cargamos la mitad, como poco.

¡A quemar los libros en pos de la democracia y de lo políticamente correcto! Volvemos al 10 de mayo de 1933.

Por favor, los zutabes los salvamos porque hay que ser pluralistas y al marqués de Sade, también, por mor de la libertad progresista; o sea, la de la bragueta.

Es que no hay más ciego que el que no quiere ver.

miércoles, 11 de julio de 2007

¡También en el fútbol!

He de reconocerlo soy un aficionado, y mucho, al fútbol. Aunque no soy seguidor del Getafe, sino de otro club que está muy cerca y que no hay quien le iguale en éxitos deportivos a nivel mundial, este modesto equipo era objeto mis simpatías.

Ayer cuando veía el telediario nos pusieron como novedad el nuevo anuncio de este equipillo, que es en lo que se ha convertido, para atrapar abonados. Me quedé atónito.

No recomiendo a nadie visionar el anuncio televisivo tan solo comentaré que es una sencillota chocarrería sin ningún tipo de ingenio, pero he aquí lo grave, es una blasfemia explícita.

Aunque mis fuerzas de difusión son ridículas si iniciamos una red puede que se multipliquen, por ello propongo desde ya a todos mis lectores y amigos que circulemos por todos los medios (meme, e-mail, boca a boca, etc.) la propuesta de un boicot contra este club: que nadie vaya a su campo, ni que compre ni un partido de pago por visión, ni que vea ningún resumen de sus partidos, ni que se abone, y si lo ha hecho que devuelva el abono, hasta que el club no retire el spot televisivo y pida disculpas por el mismo.

¿Porqué el señor Torres, presidente a la sazón de este club y responsable último del adefesio, no ha propuesto basar la publicidad en una historia sórdida en la que la protagonista fuera su señora madre? Sería novedoso e impactante, ¿verdad?. Todo el mundo hablaría de ello. El efecto llamada sería impredecible. Pero no, ¡claro!, hay cosas que ofenden. Que nadie culpe exclusivamente a la agencia de publicidad, que también tiene la suya, porque el responsable es el presidente y si la historia versara sobre su progenitora ya lo hubiera evitado, ¿no?. Pues eso, aplícate el cuento, ¡imbécil!

Advierto no soy muy partidario de las defensas organizadas ni de los lobbys por parte de los católicos porque ya tenemos quien nos protege. Sin embargo, la blasfemia exige nuestra santa ira.

martes, 10 de julio de 2007

Efectivamente: Europa está perdida

Nuestro compañero “bloggero” Es Justo y Necesario dice que Europa está perdida mostrando un anuncio de una televisión extranjera muy interesante.

Me ha parecido curioso la cantidad de comentarios negativos que ha recibido a cuenta de esta opinión calificándolo de exagerado o rebatiéndole el fondo de su anotación.

Personalmente digo que tiene toda la razón: Europa está perdida, evidentemente este spot no es la prueba del delito, pero sí un detalle sintomático muy significativo y del que se pueden desprender varias conclusiones.

Para empezar el anuncio deja entrever que se trata de un padre separado, pues bien, lo primero que ese niño malcriado necesita es que los padres se reconcilien y lo eduquen como Dios manda.

Segundo, que tras recuperar su vida conyugal no usen jamás los anticonceptivos, todo lo contrario al mensaje del anuncio y a lo que, me juego los dientes, esta hipotética pareja hacía y que es una de la causas del tristemente extendido fracaso matrimonial. No hay peor veneno para la vida de los esposos que cerrar su corazón a la llegada de los nuevos hijos que Dios les quiere regalar. De esta forma le darán a este niño malencarado hermanos lo cual contribuirá más que ninguna otra cosa a la buena educación del chaval.

Por último, y creo que lo más importante, este chico necesita urgentemente dos tortas bien dadas. Perdonen la autocita pero ya comenté en su día lo de Niño mimado niño estropeado que creo viene al pelo.

Estoy convencido que la mayor parte de los europeos están no solo disconformes sino absolutamente en contra de la tres cosas que he dicho y ¡mira que son básicas!. He ahí que Europa está perdida.

Por último, matizo para los mediocres a los que hay que explicarles todo, que por supuesto de un mero anuncio no se pueden inferir necesariamente todo lo dicho, pero creo que este spot es un paradigma de la situación actual y es perfectamente válido para construir esta conjetura que a ver si sirve de acicate a nuestros semejantes.

Visitantes en el mundo